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“Es un cierre temporal”. “La crisis económica ha estropeado la inversión” “La culpa fue de…”. “Se investigará el dinero invertido por…”. Todas estas frases con su correspondiente final de nombres y dimes y diretes se han oído hoy en Ciudad Real, en Toledo, en Madrid y se están oyendo en radios, viendo en televisiones y leyendo en todos los periódicos de España y del Mundo. Sí, el aeropuerto ha cerrado su actividad pero lo ha hecho de forma temporal. Entonces sólo queda preguntarse ¿por qué todo el mundo espera un milagro?

Esta mañana, el aparcamiento del aeropuerto contaba con casi un centenar de coches. Algunos eran de los trabajadores que continuaban en sus puestos. Dos llamaban especialmente la atención, limusinas de lujo, utilizadas en bodas, pero también para llevar a los jeques y príncipes que gracias al aeropuerto han visitado la provincia para cazar. Esta imagen contrasta de lleno con la de un paraje abandonado, una infraestructura de comunicaciones en la que el sonido era el de algunos periodistas que cámara en mano paseaban por las instalaciones y el sonido de las chapas al chocar por el viento que azotaba hoy la provincia.

Aunque parezca mentira hoy no era un día de paseos por el aeropuerto, la terminal estaba cerrada y sólo una pequeña puerta, prácticamente junto a la pista, era el punto donde se podía intuir que aquella infraestructura que costó 1.100 millones de euros y que políticos de todo signo apoyaron y empresarios de toda índole también, permanecía abierta. Una infraestructura que sin apenas actividad consume aproximadamente un millón de euros mensuales y ahora, tras su cierre, tendrá también un alto coste de mantenimiento.

Para los periodistas, la foto de hoy era la de una máquina, ubicada junta a la pista. La única máquina a la que le queda trabajo que hacer en los próximos días, encargada de pintar una X como símbolo de que la pista es inútil, de que allí no volverá a aterrizar un avión en, al menos, un año.

Hay que recordar esa fecha de un año, porque aunque hoy el titular sea que cierra el primer aeropuerto privado de España, es un cierre temporal y en un año se volverá a abrir, como recuerda uno de los administradores concursales, única cabeza visible de la decisión del cierre y de la dirección actual del aeropuerto con la que se ha podido hablar esta mañana.

Pero los trabajadores hablan ya de “milagro” directamente y los políticos usan un tono de defunción cuando nombran la inversión en este día. Todos piensa en cómo vender la inversión y en cómo lograr que perviva en el tiempo y demostrar que hay futuro para un aeropuerto en Ciudad Real, aunque sea uno que cuenta con una pasarela que no lleva a ninguna parte o uno en el que para acceder al párking no haga falta pagar.

Para quien hoy sí es un cierre temporal es para el personal adscrito al aeropuerto como los bomberos allí ubicados o empresas de mantenimiento que desconocen cuál será su trabajo el próximo lunes y que de hecho se han tenido que enterar por la prensa de que la actividad del aeropuerto finalizaba porque ni desde la administración concursal ni desde la empresa encargada del aeropuerto se ha comunicado una información oficial a este respecto.

Mientras todo esto ocurre hoy, nadie habla de responsabilidades sobre la infraestructura. Ni de cómo se llegaron a cambiar zonas de anidamiento de aves por aviones que ya no vuelan. De una carretera de dos carriles que iba a un lugar en el que sólo 100.000 pasajeros han aterrizado. De contratos de publicidad para intentar alargar la vida de la infraestructura. Ni de las promesas realizadas hace diez meses por un partido político, que se prometía tener la solución para el aeropuerto.

Sólo queda decir que un aeropuerto se ha cerrado hoy en Ciudad Real y nadie sabe por qué.

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