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El tiempo es un mar inmenso repleto de corrientes subacuáticas que a ratos nos mecen, a ratos nos empujan violentamente contra las rocas. A veces, perdidos en la inmensidad, tratamos de bracear contra el oleaje para afirmar nuestra presencia, para sentirnos independientes de la verdad del agua que nos rodea. Pero el azul siempre termina imponiendo su evidencia frente a nuestras fuerzas limitadas. En medio de este naufragio, la música consigue hacer de la inmersión una danza mágica, un bálsamo armónico para paliar el extravío y transformar el tiempo en un lugar, que sin dejar de ser misterioso, parece un poco más humano.

Ayer, en el Conservatorio Marcos de Redondo, el sonido del piano consiguió domesticar esa fuerza salvaje y nos hizo sentir flotando sobre las olas del tiempo como si el mar no existiera, como si solo se hubiera inventado para ser melodía. Los encargados de practicar el sortilegio, fueron Víctor y Luis del Valle, dos hermanos pianistas que entrelazaron su maestría interpretativa a cuatro manos.

En realidad esta inmersión en el tiempo, lo fue también en la misma historia de la música. El repertorio propuesto por los  hermanos malagueños recorría espacios muy distantes que nos permitieron constatar, una vez más, que en el universo del sonido las fronteras entre pasado y presente son siempre figuradas. Desde una sonata de Mozart, hasta una especie de popurrí jazzero compuesto por Gershwin, pasando por el universo enigmático de Ligeti y los trazos, siempre marinos, de Debussy, los hermanos del Valle defendieron con maestría una propuesta tan distinta y tan versátil.

Sin duda el hecho de ser hermanos facilita la sincronía que emanaba de su interpretación, más que dos personas parecían más un ser de cuatro manos. Hablando con ellos al final del concierto, Víctor y Luis, nos comentaron que la música ha sido un elemento de armonía en su relación fraterna y que toda una vida compartiendo instrumento les ha servido para profundizar en su relación y hacerse más amigos “desde que tocamos juntos, nos peleamos menos”.

En cuanto a la variedad temática de su repertorio, para estos jóvenes pianistas, el secreto para defender universos sonoros tan distintos, está en el trabajo previo, “lo importante es tener un ideal sonoro muy claro y muy trabajado, para que en el momento puedas darle al botón y cambiar de registro”. En este sentido, los hermanos del Valle se mostraron partidarios de este tipo de programas más variados, pues según nos explicaron permiten que la gente participe de esa versatilidad y esté siempre atenta a los nuevos mundos propuestos.

A pesar de su corta edad, Víctor y Luis tienen un amplio bagaje en conciertos a nivel internacional. Hablando con ellos sobre la situación de la música clásica en nuestro país, nos comentaron que en España cada vez hay más seguimiento “hace 20 años esta música era algo muy minoritario, pero ahora cada vez hay más público, aunque todavía nos queda mucho para llegar a los niveles de seguimiento que existe en otros países europeos”.

Y es que la música es algo más que un mero entretenimiento. Para los hermanos del Valle el aprendizaje musical es un elemento determinante en el desarrollo educativo de las personas “la música te clarifica las ideas, te compartimenta la cabeza y te ayuda a desarrollar la sensibilidad y la compresión de las distintas formas de hacer las cosas”. Y puesto que compartimos el criterio de Víctor y Luis, os invitamos a seguir atentos al puente musical que el conservatorio está tratando de construir hacia la ciudad, porque la música, en definitiva nos hace mejores personas.

Si queréis conocer más sobre estos virtuosos hermanos, podéis encontrar más información en su página web: www.duodelvalle.com

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