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En las entrañas del flamenco habita un desgarro, un grito que narra con fuego las distintas pasiones del alma humana. Entre rasgueo y quejío, los ritmos desgranan la rabia de un corazón ardiente capaz de rajar con su voz los velos que lo atenazan. Pero a veces la pasión también sabe ser dulce y al jinete le toca cambiar su cuchillo por la manta. Es cuando el grito se convierte en susurro y el desgarro se vierte en caricias que dulcifican la llama.

Anoche, en el Antiguo Casino, pudimos disfrutar de esta versión luminosa del flamenco. Los encargados de ponerla en escena, Machu-K, un grupo ciudadrealeño que enriquece la pureza del toque clásico contaminándolo con armonías y modos de ejecución procedentes de otros universos sonoros. Un flamenco, más de yema que de uña, que a pesar de su complejidad técnica, los integrantes de la banda defendieron con maestría.

La elección del Spain de Chick Corea como tema de inicio nos dejó claro desde el principio el terreno del flamenco por el que pretendían conducirnos los músicos. Y la sospecha se convirtió en evidencia cuando descubrimos que la voz cantante no provenía de una garganta seca y rasgada, sino del vuelo cromático de un violín que, en las manos de Imanol García, transformaba su fraseo en un canto cálido, pero que no llegaba a abrasarnos los oídos.

Siguiendo este camino trazado, por el Antiguo Casino, abarrotado para la ocasión, se fueron sucediendo las composiciones de grandes prestidigitadores de fronteras flamencas, como Chano Domínguez o Paco de Lucía, con otros temas propios que también seguían esta senda de la ruptura.

Mientras José Maya agarraba las melodías al trasfondo más originariamente flamenco con su guitarra española, Mariano Valdayo introducía una sonoridad más brumosa y jazzera, con una guitarra acústica que a ratos ejercía de bajo y a ratos se lanzaba al abordaje del punteo. Todo ello medido y compactado por las manos Juán Montoya que, repartidas entre el cajón, la caja y los platos, hicieron todo tipo de virguerías rítmicas para enriquecer el compás.

En definitiva, buenos músicos y buena música, una combinación que siempre resulta nutritiva, sean cual sean los géneros que se interpreten y sean cual sean las barreras musicales que se rompan. De hecho, algunos de los presente, aprovechamos el movimiento de las plumas con las que Machu-k agitaba el vuelo, para sobrevolar las fronteras y lanzarnos al viento.

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