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Tal y como decíamos en la anterior entrega de Papá y marujo, pocas cosas causan tanto pavor en una pareja de enamorados que la dichosa preguntita de “Y vosotros… ¿para cuándo?”. No hay muchos estudios que expliquen la causa de ese miedo, así que desde Papá y marujo, vamos a intentar investigar el tema y encontrar una explicación racional a un pánico irracional que se remonta al principio de los tiempos, a la aparición de la vida sobre (y bajo) la tierra; cuando la ameba madre le preguntaba a la ameba hija que para cuando tenía pensado realizar la bipartición y marcharse a otro rincón de la sopa primigenia (o caldo primordial, según la escuela de cocina). Hay que reconocer que las amebas mataban dos pájaros de un tiro con la pregunta de “y tú… ¿para cuándo?”, pero es que por aquel entonces la vida era más sencilla y mucho más unicelular.

El primer dato constatable es que el pavor que desata el “Y vosotros… ¿para cuándo?” es directamente proporcional al cariño que se le profese a la persona que hace la pregunta por primera vez. No es lo mismo que el prota del momento sea el dependiente del videoclub (“¿Videoclub? ¡Viejuno!” grita alguien en una esquina de la sala) o cualquier otra persona relativamente desconocida, a que la pregunta nos la haga nuestra madre o una tía muy querida.

Por norma general, el primer “Y vosotros… ¿para cuándo?” suele venir de labios de nuestra tía favorita: Una señora amable, regordeta y entradita en años que en cuestión de segundos adopta una sonrisa libidinosa y acompaña la pregunta de un guiño lujurioso que en nada tiene que envidiar al de un profesor de primaria que se queda ‘de rodriguez’ en su casa a pasar el mes de agosto. El caso es que te encuentras con que tu tía favorita, la que te cambiaba los pañales y se encargaba de ti cuando tus padres se tenían que ir a trabajar fuera, os mira a tu pareja y a ti como si fuerais dos esclavos de la antigua Roma, la de los emperadores (y de los faraones, ya puestos, aunque estos vivían más lejos), y os pega un repaso ocular de arriba a abajo que parece indicar que:

  1. Sabe que NO estáis esperando al matrimonio.
  2. Está valorando vuestra capacidad emocional como futuro matrimonio.
  3. Su mente está trabajando a la velocidad de la luz llevando a cabo cálculos matemáticos avanzados, así, de cabeza y sin usar los dedos, que mezclan en un abanico cuasi-cuántico de posibilidades tu genotipo y fenotipo y los de tu pareja. Todo eso para adivinar si los niños serán rubios, morenos, pelirrojos o del butanero en un análisis genético intuitivo y primigenio que es a los estudios de Mendel con guisantes lo que el Cosmos a un mapa de Port Aventura.

Sea como sea, la primera vez que te enfrentas al “Y vosotros… ¿para cuándo?” la cosa te pilla a traición, y como ya hemos dicho que suele ser tu tía favorita, te limitas a soltar una risa tonta que, automáticamente, reduce tu coeficiente intelectual al de una caja de zapatos mojada. Como además tiendes a ponerte rojo como la camiseta de un campeón de eurocopa, lo más normal es que algún tío borracho, o peor aún, tu madre, o peor aún, tu suegra, suelten un “míralo, pobrecito, está cortado”.

Je.

Todo esto sería aceptable si no fuera por que los “Y vosotros… ¿para cuándo?” son como un grano en el sobaco: Molestan un montón, no te apetece nada hablar de ellos con la familia y, una vez aparece el primero, se abre la veda y llegan los demás. De ahí que en una misma noche, después de que te hagan diez o doce veces la dichosa preguntita, tu respuesta pase de la famosa risa tonta y el sonrojo –perdida de CI incluída–, a otro tipo de respuestas mucho más imaginativas cuyos protagonistas suelen ser, invariablemente, objetos enormes y de superficie rugosa, y orificios pequeños, generalmente ocultos, del cuerpo humano de quien te hace la pregunta.

Otra cosa bastante molesta de los “Y vosotros… ¿para cuándo?” es el escenario en el que tienen lugar. Porque claro, no es lo mismo que te pregunten por tus planes de futuro cuando estás lánguidamente tirado al sol en una playa de arenas doraditas, a las siete de la tarde con el estómago lleno de bocata de caballa, en cuyo caso, directamente, te la sopla; a que te suelten el “Y vosotros… ¿para cuándo?” en una boda, en el silencio que hay entre canción y canción, ante la atenta mirada y los más atentos oídos de todo el sector sexagenario de la familia (que por cierto, “sexagenario” significa “que han entrado en la sesentena”, no os vayáis a pensar cosas raras por culpa de el “sexa”).

Y es que las bodas tienen un yo que sé que qué sé yo que a mí, en lo personal, me ponen un poco de mala leche. Porque entre el tío borracho con la corbata en la frente a lo Rambo y las venillas de la cara pidiendo vacaciones por culpa de los cubatas y el botón del cuello de la camisa, el suelo que –paradójicamente– resbala y te deja pegado a un tiempo, la sed insaciable esa que entra cuando estás petado de langostinos, canapés, cocktail de cava y cacho de carne, y el “Chacachá del tren” de la “Gran Orquesta Miraflowers”, uno no está como para que encima le pregunten por sus planes de boda. Es que hasta te quitan las ganas. Es como “¿Casarme yo? Pues mira, sí, pero sin convite, que por mucho que te lo curres queda siempre de un cuuuutreeee…”.

Supongo que por eso he tenido que vivir las bodas de mis tres hermanos y la de mi cuñado en plan testigo, que casi parecía la hermana fea de un libro a elegir de las Bronte. Como además, desde la primera boda, Eva ya era mi novia (catorce añitos de noviazgo que me aguantó, angelita mía, hasta que nos pusimos los anillos de ‘marido y mujer’), el “Y vosotros… ¿para cuándo?” ha sido un fantasma constante en nuestra relación casi desde el primer año.

Y eso me lleva a otra cosa que aún no había mencionado, y es que, el “Y vosotros… ¿para cuándo?”, tiene muchas formas, como los ácaros o los políticos. La más conocida es la preguntita de marras, sí, pero también hay otras formas de “Y vosotros… ¿para cuándo?” casi tan sutiles como un despido improcedente o una patada en la entrepierna con botas militares antes del desayuno. Una de esas formas alternativas es la entrega del ramo. Y sí, por si lo os preguntáis, en nuestro tiempo de novios Eva recibió tantos ramos de novia que algunos fieles venían a rezarle al confundirla con la Virgen del Carmen de la Catedral. Otra forma sutil de “y vosotros… ¿para cuándo?” es la parejita de la tarta.

Y bueno… Aquí hago dos puntualizaciones:

  • Primera: ¿A qué viene esa mierda de regalar los muñecos de la tarta? ¿A quién narices se le ocurrió? ¿Regalan los niños que hacen su primera comunión los muñequitos de sus tartas a sus amiguitos ateos en plan “conviértete o muere”? ¿Acaso le regalan los judíos el, ejem, trocito de pellejo a sus amigos cristianos en el Bar Mitzvah para que vuelvan a las raices (Que no, Bar Mitzvah no es el nombre del bar de moda entre los orcos uruk hai, sino una celebración religiosa de la mayoría de edad de la confesión judía)? Pues entonces… ¿Por qué me daban a mí la parejita de monigotes para ver si así me casaba?
  • Porque esto me lleva a la segunda puntualización: ¿Cuántas parejas de muñequitos tienes que recibir antes de tu boda? Lo digo porque llegó un momento en el que, tras la boda de mis tres hermanos, mi cuñado, un par de amigos y algún que otro primo, teníamos la estantería del salón que parecía una sucursal ñoña y monotemática del Toys’r’us.

El caso es que al final, a pesar de la insistencia de ambas familias, a pesar de los muñequitos de tarta, a pesar de los ramos de novia y los “y vosotros… ¿para cuándo?”, Eva y yo nos casamos.

Al fin.

Lo que no podíamos imaginar es que dos días después de la boda, en la cena de nochebuena, a dos días de embarcarnos –o “enavionarnos”, mejor– en nuestro viaje de bodas, nuestra, perdón, MI suegra, nos soltaría a bocajarro: –Mucha gente se queda embarazada en la luna de miel –guiño, guiño–. Y vosotros… ¿para cuándo? Y así volvimos a la segunda parte del “Y vosotros… ¿para cuándo?”, cuando ya la boda no basta, y ahora lo que importan son los niños; y es que, por si no os habíais dado cuenta, el ser humanos es, por naturaleza, inconformista y tocahuevos. Lo malo es que este “Y vosotros… ¿para cuándo?” no es como el de la boda: Tiene dos diferencias fundamentales:

  • La primera, que sus formas alternativas no son ramos de novia y muñequitos de tarta de boda, sino ropa de bebé de segunda mano, frases de doble sentido con la sutileza y la elegancia de un bocata de morcilla y que tu suegra te regale un estupendo colchón de matrimonio y acompañe el regalo de un “ay, lo que hago por tener nietos”. Entre nosotros, mezclar lo conceptos de colchón, nietos, suegra y lecho conyugal NO mola NADA. 
  • La segunda es, que si bien es cierto que el “y vosotros… ¿para cuándo?” de la boda queda garrulo y es antiguo, tocanarices y emocionalmente inestable, preguntarle a un matrimonio para cuando piensa tener hijos es maleducado, grosero y, lo peor aún, una forma terribler de meter la pata. Nadie sabe lo que ese matrimonio pueda o no estar buscando ni las experiencias, a veces terribles, por las que pueden haber pasado. Así que ahorraos la gracia y ahorradle a la pareja el mal trago, que a nadie debería importarle poco menos que una mierda lo que cada uno haga en su lecho nupcial.

Para terminar, os dejo una fórmula para la respuesta definitiva a los “Y vosotros… ¿para cuándo?” :

“Condicional de tiempo” + “ macho cabrío / hembra de el zorro” + “preposición” + “tu marido/ esposa/ pareja” + “negación de continuidad” + “sinónimo de intimar” + conjunción copulativa (con perdón) + “señoritas de trabajo nocturno (no, las sufridas dependientas del McDonald no) / vecino o animal de compañía”.

Supongo que, ahora que mis queridos cuñados han decidido ir a por el segundo, no tardaremos Eva y yo en tener que enfrentarnos a la tercera parte de la pesadilla: “Y la parejita… ¿para cuándo?”. Y es que, por mucho que te digan, Freddy Krüeger no es lo peor que puede visitar tus sueños.

Y hasta aquí el ‘Papá y marujo’ de esta semana. Espero que no se os haya hecho demasiado largo, y bueno… nos vemos la semana que viene con el apasionante tema de “El embarazo o Cuando el hombre estorba”

¡Feliz verano!

Rafa del Río

13 Comentarios

  1. Me ha encantado, sobretodo porque a mí ya me han hecho la preguntilla de marras y me meo de risa cada vez que lo hacen jajajaja sólo que yo no soy buena persona como vosotros. Así que imagina mis sutiles respuestas. Estaría bien que escribieras más entradas a la semana (una, aunque sea) que siempre me quedo con ganas de leer más.
    Felicidades por el blog, es genial.
    Un abrazo,
    Iria

    • Sep, es que la gente es muuuu cansina con la preguntita (y sep, conozco tu sutileza, jajaja). Me apunto lo de escribir más entradas, aunque con los videojuegos y la próxima frikada ando ya a full, pero me la apunto igualmente.
      Muchas gracias por todo ^_^
      ¡¡Un abrazo!!

  2. Te has superado, tito Rafa, y bueno, mi barriga tiene efectos colaterales, qué le vais a hacer… si os sirve de consuelo, por nuestra parte no tendréis más motivos pa q os cosan a preguntas inapropiadas… es q la gente es la pera… y bueno,dado q nosotros ya estamos “ahí”… la parejita ¿pa cuándo? Que ya la nena seguro q está pidiendo un hermanito (al menos no puede hablar aún para negarlo, jeje)

    • Muchas gracias, Neli, si es que desde que los noracas inventaron lo de los rollos colaterales, ya no hay quien se salve. Y ná, quita, tiempo al tiempo, ahora que hemos conseguido quer coja la cuchara vamos a descansar un poquito antes de empezar de nuevo.
      Como dato anecdótico: Hoy, por PRIMERA vez, después de tomarse siempre los potitos de marca y nunca los caseros, que me dejo las horas cocinando pa ná, Ana se ha tomado toda la crema de verduras casera Y HA PEDIDO MÁS. Me siento orgulloso, snif snif.

  3. La brillantez alcanzada a través de la más sincera de las verdades que pueblan nuestras mortales vidas.

    A sus pies!!! 🙂

  4. JAJAJA Menuda reflexión de 10! Entre las acusaciones de “viejuno” ante los recuerdos del videoclub (sic, viejuna yo también) y los cálculos cuánticos de la señora, estoy llorando ya…con lo temprano que es! Eso sí, de risa 😉
    Un abrazo, estaré pendiente de ese próximo tema…me voy a sentir bastante identificada, presiento jajaja
    BESOS!

  5. No me quiero repetir pero ¡es genial!!!. Me encanta, me rio y estoy deseando leer el próximo capítulo.
    Por cierto, felicidades por lo de Ana, que ya va descubriendo los tesoros del papi.
    Hasta el sábado…
    Inés.

    • Repítete, mujer, no te cortes, que me viene bien para el ego, jajaja.
      Muchísimas gracias por lo de Ana y… hasta el sábado, sep ^^

  6. Menos mal que no hiciste el “boda íntima” que se están planteando mis primos ¡¡¡Está ardiendo Roma por ello!!! Eso sí, dejan de preguntarte para cuándo xD

    Ains… Me encanta.

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