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Por Ramón R.R.

Decía Valery que la acción de lo bello consigue dejarnos mudos. El silencio es el único refugio en los momentos en que el arte se presenta ante nosotros en su versión mayúscula. Ayer, en el Festival de Almagro, esta extraña conjunción de belleza, reflexión y sentido, se hizo obra. El teatro consiguió dejarnos sin palabras.

El encargado de este sortilegio fue el ‘Giulo Cesare’ de Andrea Baracco, obra ganadora del certamen de directores noveles “Almagro OFF”. Una revisión del clásico de William Shakespeare que aunaba las cualidades del mejor teatro: intensidad, fuerza expresiva, veracidad y un puesta en escena rebosante de poesía.

La adaptación, en la que Julio César era solo un fantasma presente en todas las escenas aunque sin personaje, ponía el foco en la figura de Bruto, un espíritu atormentado y lleno de dudas al que la decisión de aliarse con Casio y Casca para acabar con el emperador, va progresivamente destrozando su espíritu. Tras la muerte de Julio César, Marco Antonio encabeza la venganza contra los conspiradores, que terminarán pagando con su vida la traición.

Los jóvenes actores italianos recrearon de forma magistral este entramado de conspiraciones y decadencia propias de la caída del imperio. Con una interpretación que abrazaba de lleno al cuerpo con las palabras, consiguieron que el alma de los personajes quedara desnuda. Bravísimo el trabajo de Giandomenico Cupaiuolo, encarnando la ambigüedad y fragilidad de Bruto y también Roberto Manzi, que logró ponernos los pelos de punta con la defensa del sibilino y maquiavélio Casio.

El trabajo actoral también estuvo presente en la colosal propuesta escenográfica: tres puertas desgastadas que no paraban de moverse por el escenario, manteniendo un continuo diálogo con la luz y la acción. Con estas armas tan sencillas y delicadas, Andrea Baracco generó una trabajada coreografía que llenó de dinamismo el montaje. Un juego de tensión y movimiento, al que también contribuyó la certera banda sonora que generaba un magnifico contrapunto a los silencios. Teatro en estado puro.

Este Giulio Cesare fue una muestra de lo complejo que resulta hacerlo fácil en el arte y sin embargo lo fácil que parece todo cuando se hace con talento. Una experiencia poética que se vistió de teatro, conservando el espíritu del original pero alterando el punto de vista para armonizarlo con el espíritu de nuestra época. El nuestro es un tiempo de Casios y Cascas. en nuestras manos tenemos las dudas de Bruto.

Y después de que el tránsito cotidiano haya acabado con mi mudez, solo me sale una palabra acabar esta crítica: Gracias.

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