Compartir

 

Si desde las 18 horas ya hay gente esperando a la puerta para presenciar la prueba sonido y si un concierto de más de hora y media no cansa, se puede decir que esa banda no sólo ha triunfado sino que ha dado un paso más al conectar con toda una generación que sólo pide más. Eso fue lo que pasó ayer en la Sala Zahora Magestic, donde Supersubmarina supo llegar a cerca de un millar de ciudadrealeños que abarrotaron la Sala Zahora Magestic con un espectáculo en el que se unían quinceañeros y treintañeros para cantar bailar y disfrutar de clásicos (de hace tres años) y canciones nuevas.

Hace un año que Supersubmarina pasó por el Zahora Magestic y aquello fue un éxito que se repitió de nuevo. Desde los primeros sonidos eléctricos, antes de subirse al escenario, se hizo ya el silencio en la sala mientras las luces empezaron a dar vueltas por todo el local. Fue el comienzo de una locura que no paró hasta más allá de la medianoche.

Pero la visita de Supersubmarina de ayer va un poco más allá. Y un grupo de elegidos, unos 30, pudieron disfrutar del concierto desde las seis y media de la tarde. Se llama Meet&Greet y consiste en pasar a la prueba de sonido, ver el trabajo que hay detrás, comprobar que esa cosa de los calambres a los cantantes que tocan la guitarra a veces es verdad y pasar un rato agradable mientras la banda pone todo a punto para dar el mejor sonido. Un saludo, unas risas, un comentario de la banda, un guiño al público y logras fidelizar a tus fans que han podido ver la trastienda de lo que luego por la noche van a disfrutar.

Sonidos Electrovirales

Disfrutar de una fiesta es la palabra que mejor describe lo ocurrido ayer en la sala. Sonaron todas las canciones de ‘Santacruz’ unidas a un repaso del repertorio de la banda. Desde ‘Canción de Guerra’, que sonó en los primeros instantes del concierto, a ‘Niebla’, que sóno una hora después no pararon de sonar canción tras canción,. Y es que Supersubmarina parece haberse decidido por el espectáculo en el que no se deja respirar y un tema se une a otro, y luego a otro, y otro más, sin parar, sin que el sonido descanse.

Mientras en el público hubo momentos de brazos en alto, de grabar con el móvil, de cantar las letras, de dar botes o de levantar el puño con ‘XXI’. Momentos únicos que se repetían una y otra vez hasta que con ‘Kevin McAllister’ y ‘Niebla’ llego el final. Cinco minutos de descanso mientras un timbre de teléfono sonaba, y vuelta al concierto con ‘La Puta Vida’ y ‘Cientocero’.

Una fiesta de sonidos de una banda que le ha cogido el gusto a Ciudad Real, no en vano uno de sus integrantes es de aquí, y un nuevo concierto de los que crean escuela.

Deja un comentario