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El aula magna de la Facultad de Letras se quedó pequeña para el arranque de la séptima edición de ‘Universijazz’ y fueron muchos los que tuvieron que disfrutar del concierto inaugural de pie o sentados en el suelo. Con esta respuesta unánime de la familia jazzera comenzaba una edición que ha supuesto el renacer de la pasión por el jazz en Ciudad Real, después de la muerte clínica del festival por la ola de recortes presupuestarios. 

Antes de que la música se hiciera con las riendas sonoras, el capitán de este proyecto, Antonio García Calero, agradecía la fidelidad de los socios, que con su aportación económica han permitido que el ‘Universijazz’ no desaparezca, y que, durante la velada de ayer, aumentaron considerablemente su número, rondando ya los 120. Gracias a su esfuerzo y al de los patrocinadores privados el jazz sigue vivo en nuestra ciudad y por lo visto ayer, no tiene la más mínima intención de morir.

De la energía y el entusiasmo que se respiraba en la sala se apoderaron, desde la primera canción, los integrantes de Patáx, una banda internacional afincada en Madrid que llenaron el aula magna con el lado más dinámico y energético del jazz. Con los primeros compases de su primer tema ya tenían a todo el auditorio enganchados al ritmo dando palmas, un enganche que los pies no dejaron de secundar durante todo el concierto.

La propuesta de esta banda, encabezada por el percusionista Jorge Pérez, fue la de un jazz que se adentraba en los estilos más diversos sin perder nunca el rumbo. Desde los ritmos latinos, hasta el funky o el flamenco, la música de Patáx cautivó a los presentes con una fuerza expresiva que se le metía a uno por las venas.

Con este torrente de música vitalista y desenfrenada, el camino doctamente trazado hasta el corazón de la música de todos lados fue recorrido por los presentes con una entrega que rozaba el entusiasmo de las primeras veces. Un ‘subidón’ musical ideal para renacer. Larga vida al jazz en Ciudad Real, larga vida al ‘Universijazz’.

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