Compartir

 

por Alberto en La Sexta Cuerda

machu-kQuiero empezar la crónica de hoy proponiendo un ejercicio mental, pensemos un par de minutos sobre esto, ¿Qué tienen en común The Beatles, Manuel De Falla y Niña Pastori?

En principio nada claro, cuesta encontrar el punto de encuentro entre estilos tan dispares ¿verdad?, pero la respuesta es sencilla, Machu-k.

Machu-k es un grupo compuesto por cuatro talentos, dos guitarras, un violín y percusión, que realizan flamenco fusión de nivel y que son capaces lo creáis o no de hacer que Yesterday, Amor Brujo o Cartita de Amor suenen entre el Miles Davis más festivo y el Paco de Lucia más sinfónico. Hacer música fusión es complicado, se trabajan composiciones rítmicas diferentes y crear un estilo propio sin caer en la saturación sonora advierto que es complicado.

Ayer se dieron cita dentro de la X Semana de la Música que desde el pasado miércoles celebra el Conservatorio Marcos Redondo, y ofrecieron su directo en el imponente Auditorio Manuel de Falla.

Alquimia pura y dura

Como los artesanos químicos de entonces Machu-k sabe perfectamente cómo combinar las distintas técnicas y ritmos para salpicar un lienzo musical que queda limpio, armónico, con garra.

De las manos de Mariano Valdayo, José Maya, guitarras del grupo, y Juan Montoya, percusión, fueron saliendo pócimas imposibles, llenas de arpegios flamencos, ritmos gitanos profundos, una solidez tan latente como de difícil ejecución, que tan pronto llevaba al auditorio a las calles de Buenos Aires en un tango, a la Europa más oriental, a lo más hondo de Louisiana o al Jerez de las bulerías.

Pero debo admitir, que pese a la magia de caldero que mostraban, hubo un elemento que llamo la atención, no solo de un servidor, sino de todo el público.

Imanol García, el violinista de este cuarteto, es el que pone el ingrediente secreto a este brebaje. Un músico de formación clásica rigurosa, que tan a menudo se ven encorsetados entre compases y la técnica más ortodoxa, que va coloreando los temas con una pasión abrumadora. A veces como un zapateador, a veces como un verdadero jazz-man,  Imanol va haciendo burbujear las canciones de Machu-k hasta la efervescencia. Hubo momentos en el que la sala parecía girar en torno a este chico que saco lo mejor de sí mismo en su propia “casa”.

El resultado final de la mezcla es así una poción perfecta, una unión de sabores sonoros que llama con poder la atención. La fusión de estilos es difícil, pero como demuestran estos grandes músicos, puede ser maravillosa.

Alquimia pura y musical.

Deja un comentario