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Esta semana vamos a hablar de los animales de compañía. La mayoría de nosotros siempre ha querido tener un perro o un gato cuando éramos pequeños y nuestras madres siempre decían que es una responsabilidad muy grande, que hay que darle de comer y sacarlo todos los días haga sol o llueva,… y que al final le tocaría encargarse a ella.

Los niños de hoy en día no difieren mucho de nosotros, solo que ahora hay más animales para adoptar como amigos, por ejemplo hurones, conejos o iguanas. Lo que seguimos teniendo en común es la necesidad en algún momento de nuestra infancia de tener un animalito con el que compartir nuestro tiempo.

Los niños tienen una predisposición especial hacía los animales como compañeros de juego. Cuando nos vamos haciendo mayores esta tendencia puede cambiar o no, e influye mucho la visión que tengan nuestros padres al respecto. Los padres que son amantes de los animales normalmente tienen hijos que también lo acaban siendo, (modelos a seguir).

La importancia de tener animales va más allá de tener compañía, también es bueno para nuestra salud tanto mental como física.

Las personas que comparten su vida con animales tienen menores niveles de estrés y la tensión más baja.

Pero no sólo influye en nuestra salud. Del mismo modo fomenta en los pequeños valores y actitudes beneficiosas para ellos. Por ejemplo el respeto, el compañerismo, o la empatía son características que los niños que tienen animales desarrollan de manera notable.

El psicólogo alemán Dieter Krowatschek escribió un libro donde destaca que los niños que tienen alguna mascota son más equilibrados, resistentes y tolerantes que los que no tienen.

En general a todos (mayores y pequeños) nos hace sentir bien tener un “amigo” que nos espera al salir del colegio o del trabajo, al que abrazar cuando estamos tristes o simplemente al que tener cerca y saber que no estamos solos. En la adolescencia contar con un apoyo animal cuando las hormonas se revolucionan y nos sentimos incomprendidos por nuestros padres ayuda y lo hacen más llevadero (las penas compartidas son menos penas ¿no?).
Algunas terapias en psicología están apoyadas por animales. Los perros que colaboran en terapias con mayores con demencia, los delfines con personas con autismo o los caballos con personas con síndrome de down son algunos ejemplos.

La simple observación pasiva de animales reduce de forma significativa los miedos, la tensión y las depresiones. (Mirar a un acuario es un recurso utilizado en técnicas de relajación)

Ahora que estamos próximos a la navidad seguro que muchos niños y niñas han pedido como regalo un perrito o una gatito. Tenemos que ser conscientes que son vidas y no son juguetes a los que quitar las pilas o de los cuales deshacernos si nos cansamos. Es una decisión importante que debemos valorar concienzudamente y pensar que antes de comprar un animalito podemos visitar las protectoras o casas de acogida para adoptar un animal. Hay muchos que necesitan nuestra ayuda ¿por qué no darles una oportunidad?.

Otro punto a tener en cuenta es el tipo de animal más conveniente para cada niño. Cosas como el nivel de actividad, los cuidados necesarios o el tamaño deben influir en nuestra decisión a la hora de elegir mascota, sin olvidarnos de su educación.

En este tema ¿hay debate o todos pensamos igual?

 

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