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Cristina Núñez y Rafael Romero son los escritores y editores de ‘Emocionario’ un diccionario infantil de emociones que sirve para conocer las palabras con las que expresar sentimientos. 42 emociones en forma de texto y 22 ilustraciones conforman un compendio que se basa en esa idea de que es imposible transmitir lo que pasamos por dentro si no conocemos las palabras adecuadas para hacerlo. Ayer este modelo se presentó en un taller en la Galería Aleph, organizado por Un Cuarto Propio.

emocionario“En lo que queremos hacer hincapié es que ellos conozcan las palabras y el contenido que hay detrás”, explican los autores, para quienes es necesario conocer el término para por mostrar de forma cierta un sentimiento. “Cuando se le pregunta a un niño puede decir bien, mal, alegre, triste,… pero le cuesta dar los matices”, inciden.  Así Emocionario, con los talleres y con el libro, busca dar a los padres y menores un vocabulario “compartido” para que cuando diga “estoy frustrado”, por ejemplo, se sepa qué es lo que está sintiendo en ese momento.

Los autores explican que su objetivo era indagar en el poder de la palabra. Por una parte, si no se tiene “la palabra no la puedes decir y muchas veces te reduces a ti mismo el campo”, es decir, supones que lo que padeces es algo “tan propio que te aísla”. Pero si hay una palabra que signifique exactamente la nuestra emoción significa que “alguien se sintió así alguna vez”. Por otra parte, se busca el juego entre padres e hijos para que al final del día, con el libro en la mano a través de las palabras se produzca una comunicación íntima entre la familia.

Se trata de crear una comunicación bidireccional, que no sólo permita a los hijos expresarse ante sus padres sino también a los padres contar a sus hijos sus emociones. “Los padres suelen reprimir sus interpretaciones como si decir que tienes miedo fuera algo que se debe evitar”, argumentan. 

Tanto Cristina como Rafael explican que la falta de expresión  de las emociones no es algo de la sociedad moderna o de las tecnologías. “Muchas personas mayores cuentan que en ningún momento se hablaron de emociones cuando eran niños”, argumentan e inciden en que las emociones también pueden ver con la tecnología. “Un niño puede estar contento o decepcionado con un vídeojuego o cono no salir al parque”, “la emoción te la puede causar algo tenológico o cotidiano”, comentan. 

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