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Por Ramón R.R.

En estos tiempos en los que la comunicación se encuentra esclavizada por grandes envoltorios técnicos y telemáticos, reencontrarse con la sencillez expresiva de la palabra y el gesto, siempre resulta balsámico. Si el encuentro se realiza en torno a uno de los textos culmen de la poesía española, su resonancia se extiende por los todas estancias que componen el espíritu y adquiere niveles absolutos.

Foto: Guillermo Casas
Foto: Guillermo Casas

Esta maravillosa experiencia de encuentro la pudimos vivir anoche en el Festival de Teatro Clásico de Almagro con ‘La noche oscura de la fe’, el nuevo montaje con el que regresaba a Almagro Rafael Álvarez ‘El Brujo’, que volvió a transformar la desnudez escénica en una fuente de maestría interpretativa.

-Es que ‘El Brujo’ siempre hace lo mismo- me decía hace unos días compañera. Claro, como casi todos, pero él tiene la salvedad de que lo que hace, lo hace muy bien.

Y eso que utilizar la poesía mística de San Juan podría parecer, a primera vista, una temática que echara para atrás al público general. Nada más lejos, ‘El Brujo’ volvió a llenar, en esta ocasión el espacio Miguel Narros, y a conseguir que los asistentes le despidieran en pie, con una más que merecida ocasión.

Casi dos horas nos tuvo secuestrados sin que nadie pestañeara, con el único acompañamiento escenográfico de un puñado de velas repartidas por el suelo, un taburete y una mesita de madera. Nada más necesitó el actor para llevarnos a su universo. Con estos sencillos objetos y un violinista dándole apoyo rítmico cuando daba voz a los versos de San Juan de la Cruz, ‘El Brujo’ nos invitó a chapotear con él sobre la cristalina fuente desde donde brotan los textos del santo.

Como una especie de montaña rusa, el recorrido por la vida del místico que proponía ‘La noche oscura del alma’ estaba compuesto por momentos emocionales de lo más diversos, todos ellos elevados a su máximo exponente. Tan pronto nos elevaba a un estado de escucha contemplativa, como nos entretenía con elementos biográficos o nos traslada al reino de la carcajada plena, esa lengua imaginativa y mordaz que caracteriza al actor.

Una vez más, y aquí en Almagro van ya unas cuantas, ‘El Brujo’ volvió a conquistar al público almagreño con un montaje que lejos de su aparente sencillez, esconde en un magnífico y complejo trabajo interpretativo que convierte la siempre difícil tarea de conectar con unos espectadores heterogéneos en un juego de niños.

 

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