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Por Ramon R.R.

segismundo off
Foto: Guillermo Casas

Nuestra generación vive enredada en las fauces de una prisión invisible. Atrapados en un laberinto de espejos diminutos que, con una omnipresencia feroz, nos devuelve frío nuestro reflejo desde el fondo de mil pantallas. Porque esa gran torre desde donde nuestra mirada puede llegar hasta los rincones más lejanos está cerrada con llave.

El Segismundo que nos presentó ayer Hugo Nieto, dentro del certamen Almagro OFF, vive de estas prisiones tecnológicas cargado y a través del laberinto del sueño, que en el montaje va generando un juego de muñecas rusas, consigue romper con las cadenas cotidianas.

“El hombre es un Dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona”… Los versos de Hölderlin con los que comienza y termina la obra, sirven al autor de transición para conectar el texto de Calderón con unos versos llenos de neologismo y guiños al lenguaje contemporáneo. La difícil tarea de que “lisonjero” rime con “pixel”, la salva el autor dando continuidad al pie métrico y sobre todo añadiendo un toque humorístico para establecer una distancia prudencial con el original: una herejía simpática.

Con una potente puesta en escena, en la que música y la luz se alían con los actores para desplegar un torrente de energía contemporánea, la escenografía confiere un peso tremendo a las pantallas que, además de las proyecciones que articulan el entramado narrativo, sirven de punto de encuentro con un rey Basilio.

Porque en este ‘Segismundo 2.0’, el rey es el dueño de un emporio tecnológico y el príncipe forma parte de un experimento científico que le aísla del mundo, dejándole solo las pantallas como única forma de comunicación. Su rebelión consiste en regalar software libre y en levantarse contra el dominio económico y mediático, apoyado por una legión de indignados acampados en la plaza.

En sintonía con el intenso ritmo con el que transcurre la obra, los actores estuvieron a la altura de la pasión posmoderna que derrocha el montaje. Una interpretación que, lógicamente, giraba en torno a Jorge Basanta, quien transformó con solvencia a Segismundo en un antihéroe contemporáneo. Un joven enredado en las trampas de estos tiempos modernos que, después de haber soñado ‘La vida es sueño’, consigue despertar y escapar de ellas.

‘Segismundo sueña… La vida es sueño 2.0’ es una propuesta interesante, aunque no apta para los ortodoxos de la escena, porque más que interpretar la obra de Calderón, hace una variación en torno a ‘La vida es sueño’. El montaje es una descarga teatral concebida para reflexionar sobre nuestro tiempo y nuestras propias prisiones, teniendo en cuenta esto y no a Calderón, el resultado es certero.

3 Comentarios

  1. Esto del festival de Almagro va perdiendo pedigree y cachet, año a año. Vas a ver una obra y te encuentras con un mamotreto que revolvería a su autor en su sueño eterno.
    Mientras el FESTIVAL DE MERIDA (así, con mayúsculas) ha sabido conservar su clase y su finura, el de Almagro ha perdido la elegancia con la que hace años comenzó. Ha evolucionado a peor. Ha perdido categoría. ¡Con su pan se lo coman, pero sin malgastar el dinero público!

  2. No sé a que te refieres Luis con “Mamotreto”, yo estuve allí, con mi hija, me encantó lo que ocurrió, el viaje y la reflexion, ademas de ver a 4 actores excelentes y ratifico las palabras del autor del artículo.
    No creo que Calderón se revolviese en su tumba viendo cómo Salían de la sala un montón de jovenes e incluso adolescentes emocionados vibrando con sus versos. Jovenes que quieren identificarse con el Teatro y no con el aburrimiento “ortodoxo” que se ve por ahí… Me encantó, me emicionó y me reí mucho. Más incluso que la versión que vi el año pasado con la exelente también Blanca Portillo que trajo la compañia Nacional.
    En cuanto a tu resquemor con el Festival no lo comparto tampoco. Para empezar comparar una sección off de la que estoy segura que cuentá con mucho mucho menos de dinero público que Mérida. Si quieres además comparamos el precio de las entradas…Almagro es un festival mucho Más alegre, más variado,de mucha mejor calidad artística que Mérida en mi opinón, que he sido expectadora de los dos festivales. Además tiene un off con propuestas más frescas.. Mérida es Maravilloso gracias a su gran Teatro, pero si vas 3 días ya tienes que ver dos veces la misma obra..

  3. Para perder pedigrí, el Festival tendría que ser un perro o una vaca y en teatro el caché solo puede medirse en el instante. En Almagro se pueden ver clásicos desde puntos de vista muy diferentes y que haya un espacio para los nuevos creadores (que por definición carecen de caché) es todo un acierto. De Almagro OFF han salido auténticas joyas (te recomiendo que veas algunas de las obras ganadoras en años pasados).
    La obra de ayer andaba muy lejos de la ortodoxia, pero a mí -que también estuve-me pareció interesante y bien defendida.Seguro que Calderón no se revuelve en su tumba, porque su huesos están ya más que descompuestos y en el reino nebuloso donde reside no hay lugar para la intrasigencia.
    Dicho esto, Ana, quizás para llegar a La vida es sueño de Helena Pimenta, todavía le falta un poquito.

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