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“Al teatro, hay que venir llorados de casa”. Con esta frase nos recordaba el director general de Cultura de la Junta de Castilla-La Mancha, Javier Morales, la necesidad de dejarse ya de tanta queja, de tanta reivindicación por esos supuestos problemas que afectan a la sociedad y acercarse al teatro para olvidarnos de ellos y disfrutar de un espectáculo que nos ofrece lo mejor del alma humana.

Javier Morales durante su discurso en el homenaje al Centro de Documentación Teatral
Javier Morales durante su discurso en el homenaje al Centro de Documentación Teatral

Esta exhortación nos lanzó ayer el señor Morales, desde el escenario del Corral de Comedias, durante el homenaje que rindió el Festival de Almagro al Centro de Documentación Teatral, después de que los diferentes responsables de dicho centro, hablaran de la falta de medios y personal con el que tienen que realizar su trabajo, una labor muy valorada por todos los responsables políticos que participaron en el acto.

También los documentalistas, con su estilo moderado y discreto, son capaces de quejarse por ese cúmulo de problemas que dificultan su labor del día a día y también ellos lloran sus penas cuando se suben al escenario.

Ya se sabe cómo son estas gentes del espectáculo y la farándula, no desaprovechan una para soltar su aguijón. Hasta una señora del estilo de Julia Gutiérrez Caba utilizó los focos que le brindó el festival en la inauguración, para sacar los colores a los políticos, entre ellos a nuestra presidenta Cospedal, recordándoles las penurias que vive la profesión, entre otras cosas por las políticas que ellos llevan a cabo.

Pero más allá de las quejas gremiales de una profesión que requiere auténticos contorsionismo vitales para seguir existiendo. Más allá de las dificultades y los sacrificios que tienen que afrontar la actriz, el dramaturgo o el técnico para poder vivir de su trabajo, esta recomendación del director general lanza una pregunta que nos interpela como espectadores: ¿para qué vamos al teatro?

Acomodense y disfruten, nos dice el director general, para el que la Cultura debe ser una especie de entretenimiento social, muy elevado, eso sí, porque nos muestra lo mejor del alma humana -que al parecer solo sabe hacer reír o en todo caso divagar- pero que nada tiene que ver con eso que nos pasa fuera del patio de butacas.

Nada de pensar en recortes, desahucios, guerras, injusticias… No malgasten el dinero de su entrada participando en ese ritual de la queja. Déjense llevar por la algarabía, la chanza, las risas y las luces, pero no caigan en el error de amplificar desde el escenario sus problemas.

Quizás llegue un día en que el teatro sea uno más de los bálsamos con los que esta sociedad mentirosa nos adormece los corazones y las conciencias. Pero ese día, el día que el teatro solo sea un disfrute que no rasgue, que no duela, que no nos mueva a llorar, será el día en el que teatro haya muerto.

No vayan llorados de casa al teatro. Todas las artes nos tienen que hacer llorar, pero el teatro más todavía porque su presencia, su vida, su fuerza, reside en que compartimos con los actores un instante capaz de conmovernos.

Que nadie entre a un teatro si no está dispuesto a llorar, que no vaya si no está dispuesto a exponerse y ser desgarrado, aunque sea a carcajadas. por ese espejo mágico en el que nuestros problemas, nuestros sufrimientos y también nuestras alegrías se nos presentan con su máxima intensidad.

Si esto no consigue hacernos llorar, estamos perdidos como individuos y como sociedad. Porque esas lágrimas son la rabia, el dolor y la esperanza ante la injusticia, que se materializan en forma líquida por nuestros ojos. Porque el río que forman esas lágrimas es el único por el que puede navegar ese gran buque llamado arte que ha permitido a la humanidad salir a flote sobre el tiempo.

Porque es esta capacidad de hacernos llorar, señor Morales, la que permite que el teatro engendre en el escenario y nos haga partícipes de un encuentro verdadero con lo mejor del alma humana.

1 Comentario

  1. Esto nos pasa por un gobierno facha.
    No sé cómo, habiendo compañeros del gremio actoral en esa comparecencia, salió de rositas. Es inaceptable que un responsable de cultura diga que los recortes son algo ajeno al teatro, cuando el teatro habla de la vida social. Dimisión, ya!

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