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Por Ramon R.R.

Santa perpetua 3Nuestro país ha sido siempre una tierra fértil para que florezca el esperpento. Mientras en la superficie, una fauna de seres escalofriantemente cómicos habitan los rincones de esa España profunda que no termina de despoblarse, en las entrañas de nuestra historia más reciente permanece ocultos los rostros de una tragedia que siguen soñando con que la luz de la memoria consiga ponerles nombre.

En medio de este esperpento bipolar -entre la risa y el llanto- de la sociología ibérica, asienta Laila Ripoll su ‘Santa Perpetua’, un maravilloso retrato -por certero, divertido e imprevisible- de los ecos de la historia, con el que el Festival Iberoamericano de Teatro Contemporáneo de Almagro, levantó ayer el telón a su XIV edición. Y lo hizo, por cierto, con un lleno absoluto en el teatro municipal, donde no cabía un alma.

Uno de los mayores aciertos del montaje está en el peculiar juego con las emociones que van tejiendo sobre el escenario los actores de Micomicón. Como esas sesiones de los balnearios en las que uno pasa del calor asfixiante de la sauna a las duchas de agua fría, la obra va llevando al espectador por unos terrenos emocionales extremos desde la carcajada hasta el llanto más profundo.

Este camino hacia el drama -y aquí reside otra de las virtudes de la obra- se va trazando de manera subterránea y se nos muestra ante los ojos de una forma inesperada. Cuando uno ya se ha acomodado a la atmósfera cómica que desprende el hogar de Santa Perpetua, una vieja visionaria que conforma junto a sus hermanos un formidable trío patético-humorístico, surge un personaje en escena que, con su seriedad, desbarata el ambiente generado y poco a poco va escarbando en la superficie hasta mostrarnos el terrible secreto sobre el que se asienta “la santa”.

La aparición de Zoilo reclamando la bicicleta de su tío, un represaliado en la Guerra Civil, cuyo cadáver abona desde entonces los tomates de Santa Perpetua, quien fue responsable de su asesinato, marca un drástico giro dramático que termina acercando al espectador, todavía con la sonrisa humeante en el rostro, a la historia universal de la infamia. Un trayecto que concluye con el exorcismo de la verdad que termina explotando sobre las conciencias de los presentes.

A la destreza interpretativa de los actores, que recrean de forma magistral un espacio que parece a medio camino entre ‘Amanece que no es poco’ y ‘La casa de Bernarda Alba’, se suma una escenografía sencilla, aunque treméndamente eficaz y expresiva, y un sutil juego de luces que enmarca la acción, provocando la trabajada armonía que desprende en todo momento este montaje.

Un magnífico arranque para este XIV Festival Internacional de Teatro Iberoamericano que vuelve hoy a la carga teatral con dos representaciones:  ‘Cuarteto del Alba’, de Laurentzi Producciones, a las 20 horas en el Teatro Laboratorio La Veleta y a las 22 horas, ‘La Araucana’, de Tryo Teatro Banda, en el teatro municipal.

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