Compartir
Publicidad

Por Ramón R.R.

machado apocrifosEn la mente del poeta habitan inmensidades que sueñan con desbordarse en versos. Un trabajo que conlleva en ocasiones desquiciar la propia voz para dar cabida a un torrente que no consiente de uniformidades. En este proceso, han sido muchos los poetas que han optado por desdoblarse en un coro de apócrifos que encarnen los estilos y temáticas diversas, surgidos en este camino creativo.

La genial sencillez de Antonio Machado también fue presa de este baile de máscaras, llegando a dividir su voz en las figuras inventadas de más de 10 poetas apócrifos, teniendo a Juan de Mairena y a su maestro Abel Martín, como sus dos máximos exponentes.

Sobre esa poesía que habita en el juego de realidades que supone este desdoblamiento cimentaron los actores de ‘Arte-factor’ el montaje ‘También la verdad se inventa’, con el que rindieron su particular homenaje al poeta sevillano en el 75 aniversario de su muerte, dentro del XIX Encuentro de Poesía Española de Almagro.

Los tres actores que tomaron el escenario del teatro municipal -José Troncoso, Eliana Sánchez y José Bustos- se adentraron en ese terreno a medio camino entre la ficción y la biografía, para explorar desde allí la vida y la obra de Machado. Un viaje que, al servirse de los propios versos del poeta como guía, aseguraba de antemano el encuentro y resultaba desde el primer instante placentero.

En esta danza conceptual, en el que nunca esta del todo claro donde empieza la poesía y termina el teatro, los actores ponen voz y cuerpo al servicio de los versos de Antonio Machado. De este modo, se van desplegando sobre el escenario distintos pasajes de su obra que servían de interludio entre la irónica pedagogía de Juan de Mairena y el estoicismo desesperado de Abel Martín.

machado apocrifosIAunque por la propia naturaleza del montaje, la dramaturgia fuera más bien frágil ante la centralidad de las voces de Machado, el dinamismo y la frescura en la interpretación, hacen que ‘También la verdad se inventa’ sea mucho más que un simple ejercicio teatral de recitado.

La fuerza dramática de la última escena, en la que Manuel Machado describe el exilio hacia Colliure y los últimos instantes con vida de su hermano, es un ejemplo de este lado más teatral que convive en el espectáculo. Su culmen, me atrevería a decir, pues las palabras con las que se narra el ocaso del poeta se le clavan a uno en la imaginación hasta hacernos formar parte del relato.

Mascullando su último verso “Estos días azules y este sol de la infancia” nos fuimos a casa con sensación de haber habitado por un instante en el universo creativo de Antonio Machado, allí donde los versos se agolpaban buscando las voces que los hicieran vivir eternamente.