Compartir

julian lopez antropologiaCuando una persona le dice a otra “te voy a comer”, su intenciones brotan de un apetito ubicado en la planta baja del vientre, allí donde no queda lugar para dietas veganas. Este vínculo entre sexo y alimentación tiene una extensa lista vínculos lingüísticos es extensa: “darse el filete”, “devorarse”, “magrearse”… Parece que esa expresión de “te conquistaré por el estómago”, tiene menos que ver con las habilidades culinarias que con el trasfondo pulsional que late bajo nuestras acciones.

Esta íntima relación entre ‘Amor, sexo y comida’ sirvió de base para el análisis etnográfico realizado ayer, en el salón de actos de la Biblioteca Pública, por el Doctor en Antropológia Julián López García, dentro del ciclo de conferencias que la Asociación Castellano-Manchega de Antropología (ACMA).

“La antropología, a través del análisis de mitos y el lenguaje, ha visto que muchas sociedades identifican tecnológicamente los factores hacer el amor y comer”, explicaba a El CRisol Julián López antes de iniciar una conferencia, en la que abordó la distintas formas que adopta este en vínculo en las relaciones sociales.

Desde estudios en los que se analiza cómo los comportamientos en la cena promueven o desmienten el encuentro sexual, hasta la relación entre el utillaje culinario con relación a los aparatos sexuales, el antropólogo ejemplificó las connotaciones de esta relación, “no solamente la gramática, sino también las prácticas culinarias son como una representación casi teatral de los actos amoroso“, destacaba.

El origen de este vínculo esta, según Julián López, en la raíz misma del proceso de culturalización. Sirviéndose de los planteamientos de Lévy-Strauss, apuntaba que “los inicios de la alianza social son fácilmente concebibles por la convergencia entre sexo y comida”. En este sentido, recordaba que los trabajos del antropólogo francés señalan una conexión entre la prohibición del canibalismo y la prohibición del incesto como elementos generadores de sociedad. “Salir fuera, buscar otras parejas sexuales y otras carnes para alimentarse es lo que hace sociedad”.

Este planteamiento cuenta con ciertos aires freudianos, aunque el profesor apunta que en el caso de la antropología es la práctica la que determina las conclusiones. Casos como el trabajo de campo en el Puerto de Veracruz, donde “la utilizacion del lenguaje culinario y sexual está muy desarrollada”, presenta matices diferenciadores entre hombres y mujeres. Allí, los varones utilizan la expresión “chiquitearse”, originalmente aplicada a la acción de beber con lentamente y acariciando la botella, en su relación con una mujer, mientras que las mujeres no la usan y se sirven de expresiones como “comerse”. “La mujer se come al hombre de arriba hasta abajo, pero los hombres no llegan a comerse por a una mujer, desde esta perspectiva, que se reproduce en muchos contextos etnograficos, aunque da la apariencia de que los hombres comemos mas, parece que no sabemos comer del todo bien”, concluía.

Deja un comentario