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Dentro de un libro caben todo tipo de historias, aventuras, universos… Pero por fuera, es un objeto manufacturado e industrial, tras el que se oculta todo un entramado editorial que, como toda empresa, a veces está más preocupada por obtener beneficios que por propiciar ese mágico encuentro. Para buscar una alternativa que facilitara el acceso a la literatura, hace más de 20 años nació en Sudamérica el movimiento cartonero, una imaginativa iniciativa editorial que sirviéndose de un elemento tan humilde como el cartón transformaron el libro en un objeto único a la vez que asequible para todos.

Esta mañana, en el espacio ZZ Books, hemos tenido ocasión de conocer a Meninas Cartoneras, una de las editoriales representantes del movimiento cartonero en España que han impartido un taller de encuadernación y han explicado la naturaleza de este proyecto en el que se mezclan creatividad, artesanía y solidaridad.

En los cinco años que llevan trabajando, a medio camino entre Chile y España, Meninas Cartoneras han publicado 27 títulos editados, con tiradas de entre 100 y 300 ejemplares, siguiendo tres líneas básicas, “publicamos a autores noveles, a auto pero que tuvieran cosas que no habían llegado por la industria editorial y luego una línea de memoria donde publicamos que solo conocemos oralmente como leyendas o discursos”. Así lo explicaba a El CRisol Carolina Espinoza, una de las integrantes de este proyecto que mezcla la calidad de los textos con un trabajo de diseño que da como resultado un producto especial.

Lejos de potenciar el “exotismo” o la singuralidad de su trabajo, Carolina recuerda que su principal pilar, como la del movimiento cartonero en general, se encuentra en su contenido social. Más allá de los libros que editan con los talleres, el grueso de su trabajo lo realizan con un colectivo de personas con discapacidad psíquica y, aunque por una cuestión de impuestos la diferencia con los libros de editoriales no es tan significativa como en Sudamérica, intentan que el precio final de venta no sea muy elevado.

meninas cartonerasEn España no existe una verdadera política que apoye a los pequeños proyectos que tengan un componente social. Tienes que buscarte otras formas para poder sobrevivir y que no te asfixien los impuestos que pagamos como cualquier hijo de vecino”, lamenta la librera chilena, resaltando que con este tipo de talleres que realizan por todo el país y también por Sudamérica, no solo buscan enseñar una destreza a la hora de encuadernar, sino “que sepan que detrás de eso hay personas que han visto en esta mezcla de arte y contenido social una opción de lucha para evitar que la cultura sea una cosa elitista”.

Pero además de esta parte de concienciación, durante toda la mañana han trabajado con dos textos de la escritora colombiana Maria Paz Ruiz Gil y despues de mucho cortar, coser y pegar, cada uno de los participantes se han llevado a su casa un original ejemplar cartonero. “Da igual que el taller sea en China, Marruecos o España, al final el grado de compenetración con la gente es enorme. Aunque sea una cosa muy básica, la verdad es que motiva y te vas con otra actitud que en un taller convencional, además te vas con un libro que es distinto a lo que puedes encontrar en una librería cualquiera“.

 

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