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por Hilario López
Ciudad Real ya cuenta con su pedazo de Sahara que le corresponde cada verano. Un total de 170 menores pasarán los próximos dos meses en nuestra provincia, más que el año pasado. El objetivo es el mismo de todos los años pasar el verano lejos de los 50 grados del desierto, acudir al médico para evitar problemas en los ojos y la piel, principalmente, y en definitiva pasar unas Vacaciones en Paz, olvidando su vida en los campamentos donde el agua y la comida depende de la solidaridad del Mundo con este pueblo. 

Esta mañana se ha realizado la recepción de parte de los menores de Castilla-La Mancha en Daimiel. Allí han llegado los menores de Ciudad Real y alguno de Albacete, mañana vendrán los menores que irán al resto de provincias de Castilla-La Mancha. Ciudad Real, gracias al apoyo de Diputación que paga el viaje, es la provincia que más familias acoge. Para hacer un balance son más de 200 los niños que llegan a la región, de los que un 80% se queda en nuestra provincia. 

“La verdad es que ha sido bastante rápido, no por Daimiel, que también, sino porque cada vez los sistemas están más informatizados y el proceso allí es bastante ágil”. Explica Felipe Jiménez, integrante de la asociación de Ayuda al Pueblo Saharaui Madraza, encargada del programa en la comarca de Ciudad Real. “Antes tenían que pasar una especie de ‘check in’ y ahora los niños están jugando y desayunando y cuando hemos estado listos nos hemos venido”, comentaba Felipe Jiménez.

Madraza gestiona los menores que llegan a la capital, a Carrión, a Fuente el Fresno, a Malagón y Piedrabuena. Una comarca que acoge a unos 30 niños y que ha logrado el objetivo de acoger los cinco menores que hace dos semanas no tenían una familia con las que quedarse. “Los últimos tres niños se han adjudicado esta mañana”, explica Jiménez, integrante de la asociación.

El día 11 de julio será la recepción oficial de estos menores que se realiza normalmente en el Vicario. El agua es uno de los grandes atractivos de la visita a España para ellos con la piscina, el playa park,… Además este año también habrá un festival saharaui y una visita a Madrid al Palacio de Cristal donde hay una recreación de una haima saharaui. 

Un verano de actividades para olvidarse de los 50 grados y los problemas derivados, principalmente en la vista. “Aquí en España se olvidan de todo lo que es una vida en el desierto y viven una vida distinta, ni mejor ni peor, distinta”, afirma Felipe Jiménez, que señala que para ellos la vida es vivir en los campamentos de refugiados, no han conocido cuando el Sahara era un país, ni tampoco cuando sus abuelos tenían un pasaporte español al ser su tierra una colonia española, ahora ocupada por Marruecos. “El problema político está en segunda fila”, afirma Jiménez, aunque señala que en la escuela se les recuerda que deberían haber nacido al lado del mar. 

“Tienen a su familia que echan de menos todo los días del verano y tienen aquí una familia española para estar bien también”, comenta el portavoz de Madraza.

Dos historias de las Vacaciones en Paz

La familia de Inma García de la Rosa con el menor
La familia de Inma García de la Rosa con el menor

“A ver si nos lo traen ya que nos den la ilusión”. Las palabras son de Inma García de la Rosa, una ciudadrealeña, abuela, y que este año volverá a ser madre gracias al programa de Vacaciones en Paz. Lo será de un niño, un menor saharaui que se unirá a una familia en la que ya hay una hija de 37 años, dos nietos uno 12 y otra de 5 y otro hijo de 27.

“Es una pena, me dicen muchas cosas de ellos y yo quiero estar con ellos cuando vienen aquí”, explica García de la Rosa, mientras espera junto a las familias en el aparcamiento del Quijote Arena. “Me han dicho que los niños pueden ser complicados al principio”, indica pero afirma que hará todo lo que pueda y llevarlo a donde ella vaya para que “disfrute”.

Los padres de acogida hacen un corro alrededor de Felipe Jiménez, dispuesto a repartir los papeles y la documentación a los padres. Es un trámite necesario para que los menores pasen estos dos meses en España. La documentación es lo único que reciben, los niños y niñas saharauis, no traen ni ropa ni maleta. Solo hay una que le dan a las familias, vacía, para que e este tiempo se vaya llenando con la ropa que reciben de vecinos y amigos y que se ha quedado pequeña para su antiguo dueño.

Entre los padres, están Diana Ortega y Juan Manuel Peco. Ambos son estudiantes de Magisterio y desde hace tres años acogen a una de estas menores. Ellos la conocieron en los viajes a los campamentos de refugiados que cada año organiza la Facultad de Educación para impartir las prácticas. “Es una convivencia rara, al principio puede ser un poco duro pero te vas haciendo a ello”, comenta Diana, que recuerda que además ellos cuentan con la ventaja de haber conocido a la menor, en su tierra, con su familia. “Aunque nos conocía nunca había pasado dos meses lejos de su cultura”, explica Juan Manuel.

“Intentamos darle dos meses para que disfrute al máximo la estancia en España y se olvide del ambiente y del campamento de refugiados en el que viven”, afirman. “Es un soplo de aire fresco para ellos, el llevarlos a la piscina, el que salgan y vean cosas que allí no pueden ver”, como por ejemplo la playa, y el parque Warner de Madrid, una visita casi obligada para las familias. 

“Nosotros tenemos claro que viene julio y en septiembre se va y cuando acoges a un niño tienes que tenerlo claro desde el primer momento”, afirman, cuando se le pregunta por la corta estancia. Luego “mantienes el contacto” aunque afirman que “se hace duro”cuando llega el momento de la despedida.

Diana y Juan Manuel con la menor que acogen
Diana y Juan Manuel con la menor que acogen

 

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