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Por Belén de Santiago Chércoles

Es el territorio en el que Gabriel Chamé ha experimentado durante su larga trayectoria teatral: lo trágico en lo cómico y lo cómico en lo trágico. Actor, pedagogo y director teatral, fue en ésta última faceta con la que conquistó anoche al público del Teatro Municipal de Almagro, dentro del marco de su Festival Internacional de Teatro Clásico. Con su adaptación de ‘Otelo’, Chamé nos hizo reír a carcajadas, pero también nos hizo llorar; y lo que es más difícil consiguió hacerlo con intervalos de pocos segundos entre lo uno y lo otro. ¿Las armas? Un fresco, alocado y disparatado uso del clown y la comedia burlesca que cohabita con la potente carga de la tragedia shakespereana.

Foto: Guillermo Casas
Foto: Guillermo Casas

Más de dos años lleva este ‘Otelo’ girando, hasta haber aterrizado en Almagro para su estreno en España. Se nota. Los actores saborean cada gag, cada palabra y cada situación con un disfrute y una habilidad pasmosos. Matías Bassi, Julieta Carrera, Hernán Franco y Martín López nos llevan de calle con su energía y su desenvoltura y nos sorprenden con la construcción de múltiples personajes (Martín López y Julieta Carrera llegan a representar hasta cuatro cada uno, con el divertido aliciente de metamorfosearse en escena).

En una propuesta totalmente despojada del realismo cotidiano, Otelo y Desdémona son los personajes que, cuando la dirección lo propone, se acercan al drama con mayor gravedad, colocando así en primer plano el conflicto de los celos y su violencia y obligándote como espectador a que no solo te liberes a través del humor sino también a través de su dimensión dramática. Y, en adición, proponiendo espacios oscuros entre ambos géneros que provocan un agitador descoloque como guinda del pastel.

La trama de Shakespeare se respeta y se suman a sus versos, además de chistes y gags, la metateatralidad, tan cómplice de la comedia. Los actores se refieren a sus cambios de personaje en escena e incluso dialogan con un Shakespeare presente en el escenario en forma de retrato, con el que no paran de hacer guiños al público..

Unas cajas, unas mesas y unas telas construyen cada espacio, ya figurativo ya simbólico dependiendo de la escena. Y una cámara de vídeo registra testimonios de los personajes que se proyectan en directo sobre el fondo, invitándonos a colarnos más íntimamente en el personaje. Una escenografía de Jorge Pastorino a la que asiste Cecilia Stanovnik, a la que también tienen reservada una mirada burlesca.

Esta arriesgada combinación de humor, tragedia e intenso trabajo actoral consiguió poner en pie al público que llenaba el Teatro Municipal de Almagro, que despidió con una prolongada ovación a los actores y al director de ‘Otelo’, materializando así el vínculo generado durante la representación.

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