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Por Ramón R.R.

Foto: Guillermo Casas
Foto: Victoria Bribiesca

Cada representación es nueva por definición. El vínculo que existe entre el instante y el teatro impide al repetir independizarse del crear. Sin embargo, después de deambular de patio de butacas en patio de butacas, el contrato que firmamos cada vez que se apagan las luces se va petrificando. A nuestros ojos les van creciendo convenciones a base de encontrarse con las mismas formas y poco a poco nos vamos habituando a gramáticas escénicas, que más allá de las posibles innovaciones léxicas que introduce cada montaje, cobijan el trabajo de los actores.

Pero el teatro, con su afán por no quedarse quieto, es capaz de agitar los cimientos de la representación y sorprendernos. Esta capacidad de generar inquietud y desconcierto -uno de los triunfos del arte- es el primero de los méritos de ‘La Tempestad’, con la que la directora Marta Pazos y la compañía gallega Voadora se presentó ayer en la Antigua Universidad Renacentista de Almagro.

Y como “estamos hechos de la misma materia que los sueños” – debió de preguntarse Marta Pazos- ¿por qué dejarlos fuera de la representación? En su tempestad, la acción discurre con una estética y un ritmo propios de la mente que sueña, produciendo un dulce caos que se acrecienta con la inclusión de una subtrama de metateatro que da como resultado un conjunto tremendamente surrealista.

El surrealismo que pone en escena la directora gallega mezcla las paletas oníricas de un Chirico o un Dalí, con un humor del absurdo entre Arrabal y los Monty Python’s. Todo esto aderezado con unas gotas de desfachatez posmoderna y ciertos aires cinematográficos a lo David Linch. Y por supuesto, con la esencia shakespearana revoloteando siempre en el ambiente.

Con estos ingredientes, el montaje genera un espacio en el que la magia y los sueños gobiernan por dentro y por fuera del texto. El estado que se genera, desde que ‘Stormy weather’ empieza a sonar en la primera escena hasta esa espiral de finales que los aplausos desconcertados no paraban de interrumpir, hace que uno deje el teatro sin tener muy claro si acaba de ver una obra de teatro o si la ha soñado.

A esta sensación de irrealidad, contribuyen también los juegos con el metateatro que propone Marta Pazos. Los actores abandonan por momentos su papel para mostrar al espectador los entresijos de los ensayos de la compañía. Con este exhibicionismo de la trastienda del teatro, se rompe el contrato básico de la representación, además de provocar situaciones que mezclan lo cómico con lo reflexivo, cuando Próspero, que ejerce de director de escena, discute con los personajes sobre su función.

Reinar en medio de la locura es un trabajo titánico. Por eso la solvencia de los actores, en un entorno tan complejo, resulta llamativa. Además de gestionar el extraño tempo de la obra con soltura, amplían el concepto de interpretación dando vida también a la música en directo que dota al montaje de una peculiar atmósfera sonora.

Esta tempestad onírica e irreverente, con la que Marta Pazos y Voadora Teatro nos sorprendieron ayer en el Festival de Almagro no es apta para mentes ancladas a los plácidos lenguajes de lo común. Pero esta es su mayor virtud. Al dislocar las convenciones básicas de la representación, provocan un estado de agitación en los espectadores que, a medio camino entre la carcajada y la mueca, no tienen más remedio que secundar el encuentro y dejarse llevar en los brazos de una propuesta que merece ser soñada.

4 Comentarios

  1. […]  Un sueño que sueña La tempestad . Ramón R.R. El Crisol de Ciudad Real sobre La Tempestad. Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. 12/07/15 . Antigua Universidad Renacentista AUREA. […]

  2. […]  Un sueño que sueña La tempestad . Ramón R.R. El Crisol de Ciudad Real sobre La Tempestad. Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.12/07/15 . Antigua Universidad Renacentista AUREA. […]

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