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Por Gerardo Lagüéns

Foto: Guillermo Casas
Foto: Guillermo Casas

“Si yo tengo una manzana y tú otra, y las intercambiamos, tú tendrás una manzana y yo otra. Si yo tengo una idea y tú otra, y las intercambiamos, los dos tendremos dos ideas”. De tan platónico concepto parte este Romeo y Julieta que pudimos ver ayer en la Veleta, ese pequeño milagro que es sede del Almagro Off.

La Compañía Griega IDEA Theatre presentaba al certamen ‘Romeo and Juliet for 2’. Se trata de una brillante adaptación del clásico de Shakespeare en la que dos actores interpretan todos los personajes necesarios para que la trama circule y los protagonistas conozcan Amor y Destino.

Athina Moustaka y Konstantinos Bibis son Romeo y Julieta, y Mercucio y Benvolio, y el ama y la madre, y Montesco y Paris, y Fray Lorenzo y el boticario. Un dificilísimo ejercicio de interpretación ejecutado con precisión, ritmo y elegancia.

Desterrando la seriedad de la sala, el espectáculo teje con maestría un humor ágil, con un trabajo físico excelente y una coreografía bien justificada que derrocha imaginación. Pero el juego escénico no impide combinar las carcajadas con momentos de pura poesía. El ritmo frenético se detiene y la emoción de los amantes veroneses va empapando el patio de butacas, como la sangre en la camisa de Mercucio herido.

La transición entre amor y muerte, entre risa y congoja, no es únicamente mérito de los actores. Es la música la que guía emociones y tramas, la que a veces apoya o subraya y la que lanza la obra al abismo en que se rompe el alma. Kostas Gakis lleva la escena en volandas con su guitarra, con su voz o con el ritmo salvaje de un pandero que toca redobles de guerra. También codirector del espectáculo, el músico recorrió con acierto el alma mediterránea a lo largo de la función, y hasta se arrancó a cantar en castellano.

Mientras en España miramos de reojo la caída griega tratando de sacar lecciones, esta joven compañía ha recorrido en coche casi 4000 kilómetros desde Atenas para traer una obra valiente y emotiva, consiguiendo una dulzura que conseguiría derretir en lágrimas el siempre impasible rostro de Angela Merkel, que Draghi inundara la Hélade de euros, y que Lagarde condonara toda deuda europea al este del Adriático.

Ojalá tengan ocasión de verla. Después de verla, soy yo quien se siente en deuda con Grecia.

2 Comentarios

  1. Se me han saltado las lágrimas al saber que hicieron el trayecto en coche. Este montaje es de lo más bonito que he visto en teatro en los últimos años.

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