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Por Ramon R.R.

Necesitamos comer para seguir vivos, pero una vez extraídos los nutrientes, los restos inservibles para nuestro organismo necesitan salir del cuerpo si no queremos acabar intoxicados. Fétida y desagradable, la mierda es inseparable del ser humano y su presencia, más allá de lo físico, es una de las metáforas más extendidas para retratar lo putrefacto de nuestras sociedades.

Sin embargo, aunque nada hay más universal que su presencia, nombrarla resulta aberrante, especialmente para aquellos oídos que viven lejos de su asfixiante presencia. Contra esta irritación burguesa frente a lo escatológico, se rebeló Werner Schwab en el texto de ‘Las presidentas’, donde la mierda se convierte en la piedra angular de este relato que narra la devastación fecal de tres mujeres que se encuentran en el ocaso de sus vidas.

Esta arriesgada propuesta escénica, que apenas ha sido representada en España, fue la que pudimos disfrutar anoche en el Teatro Quijano de Ciudad Real, gracias a la coproducción de La Cantera, Teatro del Velador y el Centro de Investigación Teatral La Manada, bajo la dirección de Juan Dolores Caballero.

El principal handicap de ‘Las presidentas’ es su estatismo, pues se trata de una obra de un solo acto que transcurre en torno a una mesa ubicada en una deprimente habitación. No queda mucho margen para recursos escénicos y todo el peso narrativo recae sobre las tres protagonistas, que realizan un viaje mental a través de una conversación, repleta de guiños escatológicos y humor negro. Este diálogo se va desplegando hacia atrás en el tiempo, mostrando las miserias que las han traído hasta aquí, y también hacia delante, hacia un improbable y fantasioso futuro que las libere de su derrota vital.

presidentasCon este planteamiento, el trabajo de Ana Marzoa (Erna), Paca Gabaldón (Grete) y Alicia Sánchez (Mariedl) sobre el escenario, resulta esencial, pues carecen de apoyos externos a la interpretación de cara a construir la historia. Que la obra funcionara o no, dependía totalmente de su capacidad interpretativa, de su capacidad de hacer creíble la realidad que habitaba tras esta oscura y a la vez divertida conversación. Y anoche, estas tres veteranas actrices culminaron con muy buena nota el reto planteado por el texto de Schwab.

Ellas encarnaron con soltura a estas tres mujeres destrozadas por la vida que se aferran a unas ilusiones delirantes para no sucumbir ante su propia miseria. Una fantasía que resulta ser el único punto de escape frente a la mierda que rodea sus vidas, hasta el punto de que la más simple de las tres, Mariedl – una vocacional desatascadora de retretes que borda en su interpretación Alicia Sánchez- cuando intenta bajar a la realidad estas ilusiones, se encuentra con la violenta resistencia de Erna y Grete, que desemboca en el surrealista final del montaje.

Entre la comedia, el esperpento y el drama, ‘Las presidentas’ van llevando al público por un diverso despliegue emocional que tan pronto llenaba de carcajadas el patio de butacas, como despertaba sentimientos de tristeza y compasión, ante la dureza de la vida que late bajo la piel de estas tres mujeres.

Después de la polémica que despertó su estreno en Toledo, donde unos cuantos se levantaron de su butaca incapaces de soportar tanta “indecencia” -también ayer hubo cuatro o cinco personas que no la pudieron soportar-, acudía a la representación expectante por ver la razón de semejante ofensa. Estaba convencido de que esta muestra del “teatro fecal” debería ser algo desagradable y grotesco, que llevara a los sentidos hasta el extremo de sentir repulsión, y me preguntaba si sería capaz de soportarlo.

Sin embargo mi morbo escatológico salió más que decepcionado, pues me encontré con un texto inteligente y puntiagudo, interpretado magistralmente por estas tres actrices, en un montaje valiente y especialmente fértil en cuanto a análisis y crítica de nuestra sociedad. Es cierto que la palabra “mierda”, con un sin fin de variables, merodea en todo momento la conversación. Pero ya está. Que alguien pueda sentirse ofendido por escuchar esta palabra, porque se utilice esta poderosa metáfora a la hora de describir el lado más decadente de nuestra sociedad, solo pone de manifiesto la hipócrita estupidez que rodea a las acomodadas mentes que acuden al teatro. Agitarlas es la obligación del artista y también en eso ‘Las presidentas’ resulta todo un acierto.

Quizás, más que este maloliente vocabulario, lo que espanta a estas susceptibles mentes sea la posibilidad de empatizar con unos personajes que encarnan la derrota. Quizás lo que nos asusta tanto no sea que alguien diga mierda, sino la posibilidad de que, algún día, nuestra vida acabe sepultada bajo su presencia.

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