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Cada vez que el intérprete da vida a una obra, la música que sale de su instrumento se despliega en dos dimensiones, la técnica y la emotiva. Siempre bajo la batuta de lo que el compositor escribió en el pentagrama, el músico requiere de una destreza técnica, en consonancia con las exigencias de la composición, y también de cierta capacidad -más ambigua e inaprensible- de reconstruir o al menos traducir, el trasfondo “sintiente” que gravita entre ritmos y melodías. Cuando estas dos dimensiones se presentan ante el público de forma armoniosa, resulta complicado, más allá de estilos y estéticas, no conectar con la propuesta musical.

ana valderrama duo del valle
Foto: Hernán Milla

Esta doble conjunción -entre técnica y tacto, entre música y público- se produjo ayer en el Auditorio Manuel de Falla del conservatorio, en una de las principales actuaciones programadas dentro de la Semana de la Música. Los asistentes, que llenaron las butacas del recinto, acabaron agradeciendo este mágico suceso puestos en pie y con una cerrada ovación, después de un bis final en el que Ana María Valderrama, Luis del Valle y Víctor del Valle dieron muestras de su dominio y virtuosismo, con un toque de humor y teatralización.

Pero esto fue solo la guinda. La ovación se fraguó en realidad desde los primeros compases de un concierto en el que, los intérpretes estuvieron a la altura de lo que presagiaban las expectativas con las que se llegaban a Ciudad Real.

ana valderrama duo del valle
Foto: Hernán Milla

La velada se dividió en dos partes claramente diferenciadas, para cada uno de los discos que presentaban. En la primera, la protagonista fue Ana María Valderrama, que acompañada magistralmente al piano por Luis del Valle, dio muestras de un impresionante dominio técnico del violín, capaz de hacer aparentemente sencillo los requerimientos de un repertorio que no lo era.

Un repertorio articulado en torno al legendario violinista Pablo Sarasate, a quien la Valderrama ha dedicado su último trabajo discográfico ‘Á mon ami Sarasate’. Disco que, además de composiciones propias del músico navarro, también incluye piezas compuestas expresamente para él por otros compositores.

Cabe recordar que Sarasate, además de compositor, fue uno de los mejores intérpretes de violín de su época, de ahí que cuando Saint-Säens le compuso su ‘Introducción y rondó caprichoso’ o Dubois su ‘Romanza sin palabras’, ambos temas interpretados ayer, introdujeran en su entramado articulaciones solo aptas para virtuosos. Ante ellas, Valderrama respondió con la naturalidad de quien maneja con soltura su instrumento.

Pero además de las horas evidentes de trabajo para dominar el aspecto técnico, la violinista no se limitó a cumplir a la hora de enfrentarse a escalas vertiginosas, sino que también dio el callo en los rincones más emotivos del recital. En piezas como ‘Aires Bohemios’ de Sarasate, que bailaba entre estas dos dimensiones, Valderrama se desenvolvió con precisión en el presto y dulzura en el lento, conjunción siempre difícil de equilibrar.

Dúo del Valle

Foto: Hernán Milla
Foto: Hernán Milla

Tras una primera ovación, que sirvió a la vez de interludio y para despedir a la violinista, comenzó la segunda parte en la que, Luis del Valle, después de haber mostrado un trabajo camarístico impecable, retomó su registro más natural, el que lleva cultivando durante años junto a su hermano Víctor como dúo de pianos.

Con una evidente sincronía, tanto a dos como cuatro manos, el Dúo del Valle presentó algunas de las composiciones que conforman su primer trabajo discográfico ‘Impulse’, un disco en el que dan vida a composiciones específicas para dúos pianísticos.

En concreto, en la velada de noche optaron por una serie de cinco piezas de Ligeti para cuatro manos. Unas composiciones que, lejos del estilo más reconocido del músico húngaro, transitaba por terrenos más próximos a la música popular, con cadencias que se aproximaban incluso a la música infantil. Unos juegos tonales que fueron interpretados, como si fueran uno, por estos dos pianistas que volvieron a dar muestra de la versatilidad de su repertorio.

Foto: Hernán Milla
Foto: Hernán Milla

Con ‘La valse’ de Ravel, mucho más brumosa y enigmática, el registro nos llevó a un terreno más impresionista, en el que los Del Valle lucieron su expresividad y, esta vez a dos pianos, desplegaron su talento interpretativo.

Después de algo más de una hora, a los que tuvimos la suerte de poder presenciar semejante espectáculo musical solo nos quedaba dar las gracias de la única forma posible, un aplauso sincero. Aplauso que habría que hacer extensible a los integrantes del Conservatorio Marcos Redondo por su incansable labor para abrir la música a la ciudad y permitirnos disfrutar de conciertos apoteósicos como el de ayer, que sin duda, contribuyen a que la afición siga creciendo.

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