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Apasionados de la novela histórica compartieron un acto que embaucó a los presentes a adentrarse en esa Orden de Calatrava con diferentes vestigios patrimoniales en la provincia y en cuya organización y cotidianeidad se sumerge ahora este historiador afincado en Puertollano. Un escritor habitual de ensayos que tiene, ahora de la mano de la literatura, el orgullo de seguir haciendo partícipes a más personas de su apasionante vocación por divulgar la historia, aunque sea desde la ficción basada en hechos reales.

El encuentro, organizador por la Asociación de Amigos del Museo de Ciudad Real, se enmarcaba en los actos que con motivo del año cervantino tienen lugar a lo largo de este 2016. Junto a Manuel Ciudad se sentaron en la mesa un viejo conocido del autor, quien fuera profesor suyo Francisco Ruiz Gómez, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Castilla-La Mancha y otro apasionado del género, Julio Criado García, que de la mano del Grupo Oretania y Ediciones C&G tantas acciones está llevando a cabo en la provincia para que los ensayistas pongan negro sobre blanco sus investigaciones sobre el heterogéneo pasado ciudadrealeño.

Una interesante reflexión sobre qué es o qué debe ser una novela histórica y quiénes pueden ejecutar el género abrió la charla del protagonista. A lo primero, Ciudad reivindicaba la necesidad “cuanto menos, de ser respetuoso con el contexto histórico en el que se desarrolla la historia”. Y a lo segundo, simplemente, “todo aquel que tiene una historia que contar y que es capaz de hacerlo con la suficiente calidad literaria,… sea historiador, novelista o cualquier otra cosa”.

En el caso que ocupaba a este historiador metido a docente, reconocía su entrega a la “fidelidad absoluta al contexto histórico” en el cual se desarrolla la trama y que no es otro que la Castilla de mediados del siglo XV hasta los primeros años del siglo XVI, en tiempos del rey Enrique IV.

Un periodo apasionante, en el cual se desarrolla la vida del protagonista de ‘Nuestras vidas son los ríos’ y que no es otro que el comendador de la Orden de Calatrava, frey Alfonso de Acitores. Un personaje que, al igual que casi la totalidad del elenco que refleja Ciudad, existió en vida.

Por lo que respecta al título, el autor considera que “resume fielmente el argumento de la novela. El devenir de una vida, la del protagonista, pero también el de una época, la medieval, que se agota y muere, si bien para dar lugar al nacimiento de una nueva, la moderna, que el protagonista, hombre de la primera época apenas llegará a intuir y lo mismo ocurre con la Orden de Calatrava a la que pertenece nuestro frey Alonso, para la que el final de la Edad Media, simbolizada en la toma de Granada en 1492, supondrá también el agotamiento de la misión para la que fuera creada en el siglo XII, la defensa de la frontera contra los musulmanes”.

Además, “el título es también un homenaje al que es una de las cumbres de la poesía castellana, Jorge Manrique, convertido también en personaje de la novela y un homenaje a la poesía medieval castellana en general. Por eso, romances de amor, eróticos, de frontera, canciones moriscas, y sátiras políticas y sociales ilustran cada uno de los capítulos de la novela”, precisó Manuel Ciudad.

Acerca del argumento

Ya en su vejez, frey Alonso de Acitores, comendador de la Orden de Calatrava, rememora lo que fue su vida desde que siendo un simple caballero le encargaron junto con frey Gil de Molina, freile clérigo de la misma Orden, averiguar si su antiguo maestre don Pedro Girón murió en realidad asesinado. Este encargo hará que ambos, pero sobre todo frey Alonso, entren en contacto con los altos nobles castellanos, especialmente con don Juan Pacheco, marqués de Villena y hermano del maestre difunto, quizás el hombre más intrigante de su tiempo, que lo utilizará a su conveniencia para conseguir sus propios fines como un instrumento más de su poder hasta el punto de determinar buena parte de su vida.

Frey Alonso participará en los principales acontecimientos de mediados y finales del siglo XV castellano, entre 1466 y 1503, guerras civiles, intrigas políticas, cabalgadas en la frontera de Granada y la guerra final contra el último reducto del Islam peninsular, además de la expedición italiana del Gran Capitán y la conquista de América (como inicios que una nueva era que le tocará vivir ya a sus hijos), se entremezclan con la vida cotidiana del protagonista y sus obligaciones como caballero primero y comendador después de Calatrava.

Durante ese período frey Alonso va a conocer el amor y la amistad, pero también el dolor por la pérdida de seres queridos y la frustración de saberse utilizado y no poder hacer nada por evitarlo. Además, será testigo tanto de las ambiciones desmedidas de los poderosos como del odio creciente hacia los cristianos nuevos por parte del pueblo castellano y de la terrible actuación del Tribunal de la Inquisición, que sufrirá muy de cerca.

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