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El amianto, el asesino invisible, se ha cobrado una víctima más en nuestra región. Consecuencia de mesiotelioma plural provocado por la exposición al amianto, fallecía el pasado 20 de marzo un trabajador de 62 años, ya jubilado, de Uralita Sistemas de Tuberías de Alcázar de San Juan.

Electricista de profesión, hasta su despido por ERE en mayo de 2012 trabajó durante 36 años en esta empresa, 28 de ellos en la fabricación de tubería con amianto, hasta su prohibición en 2002 por la legislación española por ser cancerígeno; más los dos años que duró el desamiantado en la nave.

Tras casi media vida trabajando con el amianto, el pasado 4 de febrero le diagnosticaron un mesotelioma pleural, un tipo de cáncer específico relacionado con la exposición al amianto. Un jarro de agua fría para él, para su familia y para todos los que le conocíamos. Un mes y medio más tarde el amianto nos lo arrebató. A él y a tantos otros trabajadores y trabajadoras que, sin conocer las nefastas consecuencias que estaban por venir, estuvieron día a día en contacto con este cancerígeno.

Y no podemos olvidarnos de sus familias, de sus parejas, de sus hijos e hijas, que también estuvieron en contacto con el amianto, pues en la ropa de trabajo que llevaban a casa iba impregnado polvo de esta maldita sustancia.

A los pocos días de ser diagnosticado, se solicitó al Instituto Nacional de la Seguridad Social que se reconociera el origen laboral de su enfermedad. A fecha de hoy, lamentablemente no tenemos contestación al respecto. La mutua MIDAT Ciclos y la empresa Uralita Sistemas de Tubería, citados para la conciliación el pasado 8 de marzo, en el Servicio de Mediación y Arbitraje de Conciliación de Ciudad Real sobre declaración de enfermedad profesional, no se presentaron, eludiendo así su responsabilidad.

¿Cómo puede ser posible que un trabajador jubilado diagnosticado con un mesiotelioma pleural, enfermedad reconocida en el cuadro de enfermedades profesionales, tenga que mendigar un derecho reconocido y desgraciadamente para él y su familia justificado? No es de recibo que los organismos competentes, el INSS, la mutua y la empresa inhiban cualquier responsabilidad al respecto. Es de justicia con la familia, para evitar mayor sufrimiento al que ya están padeciendo por la muerte, reconocer que ha sido consecuencia de una enfermedad profesional. Lamentablemente este reconocimiento llega en demasiadas ocasiones cuando la persona ya ha fallecido.

Ya han pasado 14 años desde que en nuestro país el amianto fuera prohibido, pero sigue estando entre nosotros, instalado en edificios, viviendas, instalaciones industriales, escuelas, hospitales, edificios públicos. El amianto se utilizó de forma abundante en todos los sectores y a lo largo del tiempo, dadas sus propiedades aislantes, mecánicas, químicas, térmicas y por su bajo coste.

El amianto puede producir graves enfermedades, algunas de ellas pasado mucho tiempo desde la exposición, hasta 30 años después: problemas pulmonares (asbestosis, placas pleurales), alteraciones cardiacas y gastrointestinales. También puede provocar cáncer de pulmón y mesoteliomas pleurales (son cánceres específicamente relacionados con el amianto), peritoneales o pericárdicos, cáncer de laringe, riñón, mama, etc.

En muchas ocasiones un mejor desenlace de las enfermedades relacionadas a la exposición al amianto se debe a un abordaje de éstas en los estados más incipientes. Por ello, es muy importante que ante la certeza o la duda de haber podido estado en contacto con este cancerígeno se acuda al centro de salud pidiendo ser incluido en el “Programa de salud de los trabajadores y trabajadoras post-expuestos al amianto”, en funcionamiento desde 2003.

Así lo recomendamos desde CCOO, que a través de su Federación de Pensionistas, tiene puesta en marcha la campaña “Controlando el amianto envejeceremos más activamente” en la que animamos a las personas que hayan o puedan haber estado en contacto con amianto a pedir su inclusión en el citado programa de salud.

Y reclamamos que todas las patologías por la exposición al amianto en el centro de trabajo sean reconocidas como contingencia profesional (enfermedad profesional o accidente de trabajo), así como la creación de un fondo de compensación para las víctimas.

El amianto, ese enemigo, ese asesino invisible, va a seguir estando detrás de muchas muertes en los próximos años. Según algunos estudios realizados, se estima que hasta 2040 siga el goteo de muertes pese a la prohibición del amianto hace ya catorce años, o que entre 2016 y 2020 se produzca más de 1.300 muertes.

La trágica herencia del amianto seguirá dejando víctimas, como el compañero recientemente fallecido.

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