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Hace unos días, el profesor Francisco Rico nos hacía ver en unas declaraciones que el mejor homenaje que podemos ofrecer a nuestro escritor más universal no es organizar grandes eventos, levantar monumentos o montar grandes fiestas en su memoria, sino leer el Quijote. Estoy de acuerdo.

Sin embargo, creo que tanto Cervantes como Shakespeare o el Inca Garcilaso de la Vega (tres pérdidas importantes para las Letras universales el mismo día) se darían por satisfechos solo con vernos leer un libro. Así lo estimó en su día la UNESCO cuando decidió aprovechar la fecha para celebrar el Día de Libro, convencidos de que en el hábito de la lectura se encierra la gran receta para la formación del individuo en todos los aspectos.

Leer te hace libre. Sumergirte en la lectura, incluso desde la penosa condición del preso, permite a tu espíritu romper barreras, sumergirse en los universos más dispares, reales o imaginados, y llenar tu espíritu de poemas y de historias, de ciencia o de filosofía, de análisis o de burla. Solo quien lee es capaz, realmente, de interpretar con solvencia lo que nos dice la prensa o lo que nos cuentan en la televisión, porque solo quien lee aprende a entender los muchos usos de cada palabra, de cada expresión.

Para Castilla-La Mancha, fomentar la lectura en un mundo que sufre el vértigo de las nuevas tecnologías sin el poso de un hábito lector asentado es algo más que una obligación: es un reto.

Debemos convencer a la sociedad, y convencernos nosotros mismos, de que el aprovechamiento racional de las nuevas tecnologías es compatible y complementario con la costumbre de leer. Es más: pretender entender lo que pasa a nuestro alrededor a base de mensajes de 140 caracteres solo es posible con una formación personal imposible de adquirir sino es por medio de la lectura.

Y para conseguir este reto, nosotros tenemos una posición de partida muy ventajosa, ya que si como españoles sentimos que Cervantes es más patrimonio nuestro que del resto del mundo, como castellano-manchegos sabemos que Cervantes es parte intrínseca de nuestro modo de ser y, sobre todo, nuestra forma de sentir.

Es por eso por lo que nos volcamos con toda la ilusión, superando un montón de dificultades, en la conmemoración de Cervantes. Con Don Quijote celebramos la existencia de un mito universal que puso nuestra tierra como referencia universal. Un libro revolucionario que aún sigue disfrutando la vitola de insuperable.
Pero con Cervantes no solo retomamos ese mito, sino que rendimos homenaje a la persona real que durante años vio, observó, vivió, conoció y recorrió lo que hoy es Castilla-La Mancha, y que tras una vida azarosa y encomiable, ofreció al mundo esta y otras obras literarias, así como todo un ejemplo de dignidad frente a la adversidad, y de constancia frente al desánimo.

Pero Cervantes no hubiera podido dejarnos tal legado de no haber sido un lector empedernido, con una mente abierta al saber en todos los sentidos. Un lector de mente abierta que entendió que la lectura abría el entendimiento, y que una novela podía llenar las horas de todo lector posible.

Así pues durante estos meses que nos quedan, queremos llenar Castilla-La Mancha de Cervantes y de su obra, pero que nadie se engañe, porque si bien trataremos de aprovechar la efeméride para recordar al mundo donde está Castilla-La Mancha, y por qué Cervantes fijó aquí los cimientos de su obra, nuestro mayos empreño es despertar la curiosidad por la lectura del Quijote, de las Novelas Ejemplares, de los Trabajos de Persiles y Segismunda en el mayor número de personas posible, empezando por los más jóvenes.

Como muchas personas de mi generación, tengo la fortuna de disfrutar de la lectura como un hábito, y del libro como una invitación. Por eso “siempre tengo un libro abierto” esperando que pueda dedicar una parte de mi tiempo, por mínima que sea, a sumergirme en sus páginas. Es algo que quizás hoy en día muchas de las personas no valoran, como sí valoraban antes, sobre todo, quienes tenían la desgracia de no saber leer, o de no tener una mínima biblioteca.

Leer te da vida, sin lugar a dudas. Te llena de libertad y te prepara mejor para todo lo que de bueno y malo puede traer la vida. Sin embargo, a veces nos sentimos impotentes a la hora de transmitir este bendito legado. Por eso, un 23 de abril como este, en el IV Centenario de la Muerte de Cervantes, de Shakespeare, del Inca Garcilaso de la Vega -expresión máxima del fruto cultural del encuentro entre dos mundos-, creo que el mejor mensaje posible es el más sencillo de todos: leed todo lo que podáis… nunca es tarde.

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