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El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha no lleva este apellido por casualidad. La Mancha sirvió de fuente de inspiración a su autor, Miguel de Cervantes, y en esta tierra llana y árida, Don Quijote y su fiel escudero Sancho se hicieron y nos hicieron mundialmente conocidos.

Ciudad Real tiene el deber de devolver a Cervantes lo que él nos dio y hoy, cuando conmemoramos el IV Centenario de su muerte, es una buena ocasión para hacerlo. Así lo entendí como alcaldesa de Ciudad Real en la pasada legislatura, apostando por una ampliación del Museo del Quijote, único en España dedicado a la figura más universal y que ganó en 1.700 m2, un gran espacio cultural de exposición e investigación que ahora goza de todo su esplendor y cuya inauguración precisamente coincidió con la celebración de los 400 años de la publicación de la segunda parte de El Quijote. Un evento que tuvo una gran trascendencia no sólo en medios de comunicación locales y regionales, sino también nacionales, con lo que significa de promoción de Ciudad Real, contando, además, con una completa programación que atrajo a grandes y a pequeños, también a expertos, en el afán de difundir el conocimiento del protagonismo que tiene nuestra tierra en esta obra y, sobre todo, de animar a celebrar el centenario de la mejor forma posible: leer El Quijote, pues, parafraseando a Jorge Luis Borges, “no es razonable el ascetismo de privarse del placer de su lectura”.

Cualquier conmemoración relacionada con la figura más importante de las letras españolas, tiene que servir para atraer a muchos visitantes a nuestra tierra y convertirse en un foco de creación económica, artística y literaria. Porque hoy, 400 años después de su muerte, el genial Cervantes, sigue siendo el español más universal que ha tenido nuestro país y para mí es un orgullo ser española y castellano-manchega, ya que las obras de este ilustre soñador recogen los valores de la gente de nuestra tierra y la influencia, tanto de El Quijote como de Cervantes, ha sido enorme y ha cumplido con una función bien definida: afianzar la lengua al convertirse en un clásico, una fuente casi inagotable de términos y construcciones a la cual se remiten los lectores y estudiosos.

Toda España, pero especialmente Castilla-La Mancha, tiene una deuda eterna con él. No se puede entender cómo este aniversario está pasando desapercibido en la región. Tras casi un año de gobierno, la administración socialista no ha sido capaz de poner en marcha un programa de actos a la altura del personaje. La improvisación en la seña principal de un año cervantino, cuya programación fue presentada por la Junta de Comunidades el pasado día 1 de abril, a tan sólo 22 días vista del evento principal, la muerte y enterramiento de Cervantes que aconteció el 23 de abril de 1616. Se trata de una situación incomprensible si tenemos en cuenta que el mismo centenario de otro autor universal y contemporáneo de Cervantes, William Shakespeare, se está celebrando en su país de origen con grandes fastos. Sin ninguna duda este IV centenario ha sido una oportunidad perdida no sólo para promocionar, promover y proyectar la figura de Cervantes y su obra, sino también para promocionar nuestra región, Castilla-La Mancha.

El Rey Felipe VI, en declaraciones realizadas con motivo del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, dijo que esta conmemoración sirve “para poner de relieve lo que nos une”. No puedo estar más de acuerdo. Cervantes a través de su obra y en especial de “nuestro” Quijote, nos relata, desde el humor, sobre todo lo que ha preocupado al hombre desde su existencia. Nos habla, a través de los personajes, de no aceptar una realidad lastrada por la injusticia y la necesidad y luchar por transformarla. Nos habla de amor, de amistad, generosidad y valentía. En definitiva, nos habla de nosotros mismos. Y este año, todos los españoles debemos recordar y hablar de Miguel de Cervantes, porque se lo merece y porque se lo debemos.

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