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La humanidad, la Humanidad con mayúsculas, avanza desde hace 130 años cada Primero de Mayo.

Avanza o, como en los últimos años, sostiene a duras penas los avances; los defiende frente a quienes tratan de borrar de la historia las mayores conquistas del ser humano: los derechos sociales y laborales de la inmensa mayoría; la libertad en igualdad; la democracia real y cotidiana.

Desde la jornada de ocho horas a las prestaciones frente al paro, la incapacidad o la jubilación; desde el Salario Mínimo al disfrute de vacaciones; desde la indemnización por despido a la negociación colectiva… todos los derechos sociales y laborales de la clase obrera nacieron y se defienden en el 1 de Mayo. No es una fiesta, es siempre o un paso al frente o una trinchera en la confrontación permanente del capital y el trabajo.

Y hoy todos somos ‘clase obrera; ya se han encargado los poderosos de dejárnoslo claro en estos durísimos años. Los dueños del capital y de los más formidables resortes del poder, nunca faltos de peones en las instituciones y en los gobiernos, sobrados de voceros en los medios masivos de comunicación, quieren, sí, como dijeron, “refundar el capitalismo”: el capitalismo original y salvaje del inicio de la Revolución Industrial; el capitalismo sin sindicatos, sin derecho de huelga; el capitalismo sin Seguridad Social, reducido Lo Público a Beneficencia.

‘Cautiva y desarmada’: así quieren a la clase trabajadora. Amordazada por ley; privada por Ley de derechos y desarticulada por Ley, desorganizada, para que no sea capaz de reclamarlos.

Pero no lo llamemos clase trabajadora, un vocablo antiguo; llamémoslo tú y yo; y él y ella. Nosotros, nosotras: trabajadoras y trabajadores estables y precarios, autónomos y jubilados; becarios y en prácticas. Trabajadoras y trabajadores en paro.

Trabajadoras y trabajadores por cuenta propia intentado emprender un negocio, levantar y sostener una empresa. Trabajadores de ETT, antes llamados Ejercito Laboral de Reserva. Y la gran novedad, el gran invento parido por la crisis y las políticas neoliberales: trabajadoras y trabajadores pobres, antes llamados Proletariado.

Llega para todos nosotros otro 1 de Mayo para salir a la calle. A reclamar como siempre Trabajo y Derechos. A reivindicar como siempre un mundo más justo. A defender el humanismo frente a la barbarie.

¿Qué, sino barbarie, es  el tratado de la UE con Turquía ante la crisis humanitaria de las refugiadas y refugiados que huyen de la guerra?

¿Qué, si no barbarie, es un país con un veintitantos por ciento de paro que mantiene a dos millones de familias sin ningún ingreso y condena a la exclusión y la pobreza a uno de cada tres niños?

Ese país es el nuestro y esa es la misión que nos toca este 1 de Mayo: alzarnos contra la pobreza salarial y social de la mayoría y contra la miseria moral de quienes las imponen y las consienten; porque así obtienen ventajas y provecho.

Año a año, manifestación a manifestación, los 1 de Mayo han aportado a las humanidad las leyes más dignas y los más dignos  tratados internacionales.

Pero son los parlamentos los que aprueban las leyes, son los Gobiernos los que suscriben los tratados.

Este año, en nuestro país, el 1 de Mayo llega en vísperas de una nueva convocatoria electoral. El caudal de reivindicaciones de las manifestaciones de este domingo ha de encauzarse hacia las urnas ocho domingos después. Para frenar en seco las políticas conservadoras, para detener de una vez los retrocesos en trabajo y derechos; para que las políticas de progreso obtengan una mayoría suficiente y que la gente que peor lo ha pasado vuelva a tener una oportunidad.

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