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Por Ramón R.R.

El Festival de Teatro Clásico de Almagro ya está en marcha. La entrega del XVI Premio de Corral de Comedias abría ayer por la tarde de manera oficial la programación.

Quizás por la lluvia que dislocó todos los discursos al trasladar la ceremonia al Teatro Municipal, o tal vez por el carisma de la galardonada o simplemente por la magia del teatro… Pero ayer vivimos el acto de inauguración más divertido y ameno de los últimos años.

La protagonista, Concha Velasco, demostró por qué es capaz de despertar el mismo respeto, cariño y admiración en el crítico más incisivo y en el que se adentra por primera vez en un patio de butacas.

Por su faceta teatral, por la cinematográfica, por la televisiva, por la musical, por la sindicalista… Cada uno por sus razones pero todos dieron muestras de un sincero afecto por esta actriz “apasionada de su trabajo”, como ella misma y muchos de los intervinientes la calificaron.

premio concha velasco festivalTambién ella prefirió olvidar el discurso preparado y se dejó llevar por el espíritu de improvisación que parecía haber tomado el escenario del Teatro Municipal. Allí nos encontramos al ministro Méndez de Vigo vistiendo un atuendo más propio de repúblicas bolivarianas que de un país tan atado a la tradición y a la etiqueta como el nuestro.

“Un ministro en guayabera”, hasta la propia Concha Velasco se sorprendía. Y no solo el atuendo, sino también sus palabras, repletas de humor y de sentido, resultaban extrañas viniendo de alguien que pertenece a un Gobierno que ha mostrado tan poco respeto por el arte y la cultura.

De esto quizás se había percatado previamente el presidente de la Diputación. También él se saltó la aburrida prudencia de los discursos oficiales y evocó su último encuentro con Méndez de Vigo “cuando tú eras un ministro en funciones y yo estaba en peligro de extinción”. Y no se quedó ahí, sino que saltándose todo el tira y afloja de su partido sobre pactos de gobierno, se atrevió a mostrar públicamente su deseo de que Méndez de Vigo continúe unos años más en el cargo.

Antes de que este cómico intercambio de improvisaciones provocara al mismo tiempo sonrisas y miradas de desconcierto en el palco de la prensa, el alcalde de Almagro había iniciado la ruptura de la cuarta pared del protocolo, para plantarle dos besos a Concha Velasco después de evocar con emoción las tardes de emociones que él y su familia habían vivido gracias a la galardonada.

28134546186_93b24234c6_zDaba la sensación de que todos estaban como en casa. Y lo último que uno acostumbra a sentir en las inauguraciones y demás actos protocolarios es algo parecido a la familiaridad.

Con esta sensación llegaba el final del acto en el que, después de un entretenido discurso, Concha Velasco terminaba exclamando: “¡Larga vida al teatro! ¡Larga vida a Almagro! y ¡Larga vida a Concha Velasco!”.

Y con esa frase me quedo: !Larga vida al teatro! porque solo él es capaz de conseguir que, por un rato, nuestras infinitas  diferencias de criterio se disuelvan y se pongan a bailar. Y eso, que no es nada, ya es mucho.

¡Larga vida a Almagro! Que un año más vuelve a ofrecernos la posibilidad de mirarnos a la cara del nosotros mismos para seguir creciendo y conocernos un poco más a través del encuentro y la emoción.

Y !Larga vida a Concha Velasco! por haber conseguido la más exclusiva de las riquezas: la admiración y el cariño unánime de los que han habitado en su vida y en su obra.

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