Los sueños de Miguel en una noche de verano en el Cine Calatrava

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Por Elena Rosa Rico

La familia Hernández Camacho presentó la obra de Miguel, el artista de la familia, en el lugar donde los sueños se reproducían a 24 fotogramas por segundo hace 30 años. Era y es, el mítico Cine de verano Calatrava situado en el barrio ciudarrealeño de Pio XII. Abierto en pase único el sábado 9 de julio y en acto público, para todo aquel que quiso acercarse a disfrutar de los sueños de Miguel en una noche de verano. Nieto de los dueños del cine, quedó marcado de niño por los programas de las películas que conservaba su abuela en casa.

El numeroso público que acudió al acto, agradeció con aplausos cada pieza. Son vídeos compuestos de la mezcla fotográfica en blanco y negro, donde se resalta las fracciones corpóreas del desnudo y el retrato de las musas, unido plásticamente con el collage y la animación gráfica. Un mapa geográfico personal de narración introspectiva onírica y metafórica, con referencias claras a ‘Un perro Andaluz’ , de Luis Buñuel.

Foto: Elena Rosa Rico
Foto: Elena Rosa Rico

Esas videocreaciones son artefactos liberadores del subconsciente, muy bien armados, que presentan los primeros pasos artísticos de Miguel Hernández Camacho, un artista natural de Ciudad Real y formado en Bellas Artes primero en Altea y ahora trasladado a Barcelona. Cinco piezas artísticas que giraron alrededor del paso del tiempo y fueron expuestas en el decadente cine de verano Calatrava. Proyectadas las piezas, que bien podrían ser los sueños y las pesadillas conectadas con creatividad gráfica de Miguel, e imbuidos en la nostalgia de rememorar las noches del antiguo cine de sesión doble, fue fácil asimilar con un ágape los videos con títulos como Adiós Miguel, dulCINEa o Adiós al Cine Calatrava.

Volver donde se fue feliz resulta un trance lógico cuando uno se hace mayor. La infancia guarda las dimensiones adecuadas para hacer de nuestra realidad un lugar plácido. Verano, la estación del año mas añorada por la libertad absoluta, donde soñábamos a través de la luz  de un proyector de cine mientras el calor derretía el helado en la oscuridad. En algún día de mes cálido, sin horarios, salimos hechos un pincel y regresamos al hogar de la mancha, en un ejercicio de poética abstracta, con la camiseta llena de lamparones.  Todo sin levantar un palmo del suelo o sin llegar con las punta de los pies sentados en la silla. Esa es la magia que se incrusta en el futuro recuerdo de los artistas. Artista, Miguel, que quiso reabrir por unas horas el lugar donde se viajaba a otras realidades, aunque fuera sólo por el tiempo que la pared expone la imagen.

Cómo recordaba un vecino de Pio XII metido a cineasta en edad adulta, Jose Luis Matas-Negrete, el cine  Calatrava  tenía un micro clima propio, donde incluso hacia el suficiente fresco para que tu madre te ordenara llevar rebequilla. Un oasis al lado del desierto a pie de taquilla, fuera el barrio de ladrillos ardía en un asfixiante bochorno manchego. Matas-Negrete entusiasmado con la idea de recordar esa infancia, de correteos por el patio de sillas durante una de Manolo Escobar, Bud Spencer o E.T, ejerció de presentador y padrino de un joven, al que aconsejó estudiar Cinematografía. Advirtió cualidades para ello, destacó las evidentes influencias del marcado surrealismo que supura su obra gráfica, y que seguramente marcará sus próximos proyectos artísticos.

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