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Por Ramón R.R.

La emoción nos une y el intelecto nos separa. Este podría ser el lema de la Compañía La llave maestra o al menos esta es la esencia que nos queda después de una agradable entrevista con sus creadores, Edurne Rankin García y Álvaro Morales Lifschitz que representa mañana en el Teatro Municipal (a las 22:00 horas) su obra ‘Nómadas’, dentro del XVI Festival Iberoamericano de Teatro Contemporáneo de Almagro.

Desde hace seis años, cuando pusieron en marcha este proyecto teatral, a medio camino entre Pamplona y Santiago de Chile, estos dos teatreros multidisciplinares decidieron asumir el reto de contar sin palabras, apoyando todo el proceso comunicativo en el trabajo gestual, el cuerpo y los objetos. Con estos andamiajes, han puesto ya sobre el escenario tres montajes ‘Bestiario’, ‘Delirios de papel’ y ‘Nómadas’, con el que regresan un año más a este festival almagreño.

Álvaro y Edurne, junto a Elena Scha
Álvaro y Edurne, junto a Elena Schaposnik, responsable del Festival

“Ha habido un proceso evolutivo”, comenta Álvaro, la parte chilena de La llave Maestra, remarcando que el lenguaje escénico no textual que emplea la compañía en sus montajes ha derivado en esta última propuesta donde dan “un salto, porque al principio estábamos más al servicio de los objetos y ahora hay también un más diálogo entre los actores y con este juego los actores ya no estamos detrás de los objetos”. La travesía desemboca en ‘Nomadas’, que es “la metáfora de un gran viaje, a través del juego constate y creativo con los objetos, con el clown y con el absurdo. Es un espectáculo para dejar volar la imaginación, dejarse sentir y emocionarse“.

Este viaje escénico “poético, surrealista y cómico” parte de su propia experiencia vital como gentes del teatro, “estábamos en un periodo de tener cajas en Chile y cajas en España, viajábamos mucho y nos sentíamos en tierra de nadie”, señala Edurne. Investigando sobre esta cuestión, “nos dimos cuenta de que cuando el ser humano viaja, aunque lo haga por múltiples razones, en general lo que quiere es una mejora para su vida o para las generaciones siguientes”.

En concreto, como remarca la actriz, la semilla de la obra se encuentra en esos momentos previos al viaje en los que “estamos muy vulnerables, porque tiene que empezar a tomar decisiones importantes, sobre dónde va, qué cosas llevarse y empiezan las proyecciones, las esperanzas, los miedos y está en tierra de nadie”.

Enseñanzas del viaje

Aunque pertenecen a una generación que ha asumido ya el viaje y las mudanzas de -todo tipo- como forma de vida, en las numerosas representaciones que llevan haciendo de sus obras por el mundo (la próxima en Costa Rica con ‘Delirios de papel) han podido constatar que la identificación con la poética del viaje es trasversal y afecta igualmente a las personas de generaciones aparentemente menos nómadas.

Sobre el proceso de trasformación que supone el viaje, Edurne resalta que es una experiencia donde “cambia el idioma, los códigos sociales, la comida, el clima… y en ese cambio, uno se va transformando y vas descubriendo rincones de ti mismo que de otra forma no descubrirías nunca“. No obstante, matiza que existe otra lado menos positivo, “eso no quita que uno pase sus dolores, la soledad, echar de menos, porque sus amores y conexiones están muy lejos y también nos alimentamos de eso”, algo que sobresale especialmente para aquellos que, como las miles de personas que han llegado a Chile en busca de trabajo, viajan por obligación. “Yo soy optimista y quier pensar que, a pesar de todo, el cambio es para mejor”.

Sobre este valor del viaje, Álvaro subraya que “la naturaleza humana ha avanzado a través de sus viajeros, los que salen de la tribu para conocer otras y traen cosas nuevas a los que quedan. Creo que el que sale aprende mucho, se da cuenta de sus condicionamientos, de su cultura y lo que aportan otras, te das cuenta de la diferencia y de lo común. Y en la humanidad tenemos muchas mas cosas en común que diferencias”.

La emoción, idioma universal

Después de haber representado en países tan variopintos como Holanda, Turquía, Bosnia, Taiwan o Brasil, su privilegiada posición desde el escenario les ha permitido constatar que su peculiar lenguaje escénico es capaz de conectar con el público, más allá de las culturas. “Unos se ríen más en unos momentos, otros en otros, pero la obra en conjunto funciona igual. El imaginario cultural es diferente pero la capacidad de volar con la imaginación es la misma“, comenta Álvaro.

nomadas22Su lenguaje escénico consigue, apartando lo textual, potenciar el valor comunicativo del arte. “No queremos llegar a la gente, en primera instancia, a través de un mensaje intelectual, que también está, sino llegar primero de manera más emocional“, señala Edurne.

Este ha sido el principio sobre el que construyeron el proyecto de La llave maestra, como explica la actriz, “elegimos hacer este tipo de lenguaje porque llegamos a la conclusión de que cuando se comunica a través de las ideas y el intelecto es cuando surgen las diferencias. En lo emocional es donde el ser humano se une, ante una desgracia o ante un goce todos tienen las mismas respuestas. Es muy rico sentir que está toda la gente de la sala está haciendo el mismo viaje”.

Vitalidad iberoamericana 

En su trabajo a ambos lados del Atlántico, estos dos actores y directores nómadas han sido testigos de las peculiaridades que diferencian la actividad teatral en España y en Iberoamérica. “La primera vez que llegué a Chile aluciné”, asegura Edurne, “había muchas compañías jóvenes que se juntaban y hacían de todo. Había un movimiento enorme, un hervidero y la gente hace y se lanza. Aquí nos falta un poco eso, ese empuje, quizás eso fue lo que me llevó a irme para allá”.

Quizás la aparición de la crisis en España “ha hecho que la gente de la profesión se lo replanté desde otro lado y creo que eso ha sido algo positivo, aquí estábamos más instalados, mientras allí la gente se mucho y con cero presupuestos, no es cosa de dinero”. Más que lo económico, Edurne considera que lo primordial es tener algo que contar, “nosotros vivimos en zona de confort, donde teníamos todos y no teníamos la necesidad. Ellos si tienen la necesidad, lo social no está como aquí, no hay educación gratuita, ni sanidad. Nacen queriendo decir y su discurso también tiene que ver con su necesidad”.

Aunque los miles de kilómetros de mar que nos separan en ocasiones suponen un muro, la integrante de La llave maestra destaca la importancia de iniciativas como la del Celcit, que supone “una autopista” para conectar ambas orillas. “Lo que vienen haciendo tantos años Elena y Luis es muy importante para muchos grupos de allá, porque ha sido la puerta de entrada para que puedan mostrar sus trabajo aquí”.

Ellos, que son un ejemplo viviente de la conexión entre las dos orillas, han conseguido trasformar la distancia en motivo de creación y como llave maestra que son, abrir a los espectadores de ambos lados a su universo de emoción y poesía. “Podemos poner emociones más duras en escena, de pérdida, de dolor… pero no hay oscuridad en el espectáculo, aunque estén esas emociones, siempre intentamos transmitir luz, ese es nuestro propósito, ya cada uno le tocará pasara por la oscuridad”.

El año pasado tuve la suerte de ver ‘Nómadas’ en Almagro y desde luego doy fe de que su propósito de luz y de comunicación está más que conseguido en este delicioso montaje. Si pueden, no se lo pierdan.

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