Noviembre al calor del Slam

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Por Ramón R.R.

slam-miguel-angelSi de repente la tormenta te coge desprevenido en medio de la montaña y aunque encuentres refugio careces de fuego, de mantas o de ropa de abrigo, solo podrás salvarte de morir congelado si tienes cerca a otra persona a la que abrazar muy fuerte para que, calor con calor, os mantengáis vivos. Ahí fuera hace cada vez más frío y no sé si seremos más fuertes, pero cada vez nos juntamos, estamos más calenticos, más vivos.

Arranco invocando el calor humano porque el pasado miércoles, en La Madriguera, sentimos su presencia. No solo en su lado más físico, que empañó todos los cristales dejando una inquietante estampa para los que nos miraban desde fuera. Sino, sobre todo, en su lado humano, capaz de generar una palpable energía de encuentro que invitaba a sumergirnos en un vuelo compartido.

slam-david-sarrionEl motor, la gasolina y la brújula, como siempre que hablamos de Slam Poetry, fueron las palabras. Aunque en esta edición de noviembre, tuvieron a la música como aliadas y nosotros contamos con la inestimable ayuda de David Sarrión, un piloto experimentado en las artes del vuelo. Él vino acompañado por todo un escuadrón de sonoros manchegos, los Clakowski (Cristina Olmedilla, Sergio Hernández, Juan Alfaro y Bianca Collado), que fueron los encargados de que la noche despegara.

No es fácil describir lo que hacen sobre el escenario estos Clakowski, su cabaret psicodélico tiene alma de rayo. Además, con tanta improvisación, al estar tan abierto al instante, también se contagiaron de calor que rezumaba el ambiente y lo amplificaron. La conjunción de todos estos factores generó un espectáculo fascinante y al mismo tiempo acogedor. Además, como el Slam empezó antes, pudimos disfrutar un buen rato de esta peculiar mezcla de música y palabra.

En continua convulsión poética, David Sarrión, llevaba la batuta de una orquesta compuesta por cajón flamenco, chelo, guitarra eléctrica, acústica y coros. Mientras el poeta lanzaba sus soflamas de plenitud nihilista y naturismo cósmico-manchego, la música transcurrían por terrenos colindantes con el rock, el jazz, el folk, la eléctrónica, pero nunca se quedaba quieta en ningún lado.

slam-publicoCon toda esta energía previa arrancó la velada de Slam Poetry que, siguiendo con sus buenos hábitos, tuvo a Javi Culipardo como maestro de ceremonias y showman, en general. Por el micro pasaron los slamers Lucrel (que por segunda vez consecutiva le tocó la difícil tarea de abrir la velada), Baque, Mariano, Irene, Marcelo, Rafa Psico Mc, Mónica, Miguel Ángel, Clara, Redifusión, Eduardo, y Nouco.

Entre que el ambiente estaba muy receptivo y que, en general, los slamers se plantaron ante el micrófono con textos e interpretaciones de mucho nivel, la gente se vino arriba con las pizarras y tuvimos puntuaciones bastante altas, mucho más de lo habitual. En lo alto de la colina se sitúo Rafa Psico Mc con 28 puntos, seguido muy de cerca por Eduardo, con 27. Efectivamente, por segunda slam consecutiva estos dos poetas volvieron a encontrarse las caras en la final, que estuvo precedida de una segunda actuación de David Sarrión y Clakowski.

“Escala siempre o muere”, nos decía con su enérgico recitar Eduardo, que fue el encargado de abrir la última ronda. Un poema en el que su cuerpo subía y bajaba de esta montaña por escalar, coincidiendo con un volumen frenético en las cumbres y con susurros y silencios en los valles. “En esto de escribir, es en la única cosa que empiezo triste y acabo feliz”, concluía por su parte, Rafa Psico Mc su extenso poema en el que, siguiendo cadencias cercanas al rap, tendía un puente entre sus emociones y la crítica social.

slam-rafaEl público volvió a decantarse por Rafa Psico Mc que consiguió su segunda victoria consecutiva y después de recitar un poema final, también se llevó a casa el libro ‘Breve teoría del desastre’ de David Sarrión. Además, en lugar del pack habitual, también se llevó una visita, con cata incluida, a la fábrica de cerveza artesanas La Maldita.

Así transcurrió otra agradable velada en la que alrededor de un centenar de personas se caldearon mutuamente a base de recitar y escuchar poesía. Todavía con los cristales empañados, volvimos a enfundarnos abrigos, bufandas y demás caparazones para volver a lidiar con el frío. Porque ahí afuera hace mucho frío.

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