Boko Haram, el ataque a las mujeres como forma de control social

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Por Ramón R.R.

Judith Prat en el centro, acompañada por varios miembros de Alumbre

Los medios de comunicación de masas tienen otros intereses y las audiencias se agotan con mucha facilidad, así que el único resquicio de información para conocer lo que está pasando allí donde los focos (o más bien los que los manejan) no quieren llegar es el trabajo de aquellos que se empeñan en contar lo que no quiere ser contando.

Este es el caso de Judith Prat, una fotoperiodista que presentó hace unos días en el Colectivo Alumbre de Ciudad Real la exposición ‘Boko Haram. Violencia en el corazón económico de África’, con la que el colectivo celebra su cuarto aniversario. En la muestra se recogen una serie de fotografías y también un documento audiovisual, donde se retrata la situación que este grupo terrorista ha provocado en el noreste de Nigeria desde el año 2009.

Una macabra existencia que ha provocado miles de asesinados, miles de secuestrados y 2,5 millones de desplazados, aunque en este -como tantos casos- convendría hablar en femenino, pues han sido las mujeres las principales víctimas del grupo yihadista. “Se ataca a la mujer porque destruyendo a la mujer se destruyen las sociedades. Está ocurriendo en partes muy diferentes del mundo y por conflictos de orígenes muy diferentes”.

Una mujer desplazada junto a su hijo en el Campo GGC de Maiduguri

Las mujeres tienen que contar qué les ocurre, hay una parte muy importante de la exposición que habla de eso”, señala Prat, en referencia al audiovisual (que se puede reproducir al inicio del artículo) algunas de las cerca de 200 mujeres que fueron liberadas durante la estancia de la fotógrafa en la zona relatan sus experiencias durante el secuestro.

Precisamente fue por el secuestro de mujeres por lo que la actividad de Boko Haram entró, durante unas semanas, en la parrilla informativa de los grandes medios. El secuestro de un grupo de escolares provocó la campaña ‘Bring back our girls’ que, como subraya Prat, al menos consiguió que el gobierno nigeriano reconociera una realidad que llevaba años produciéndose y que hasta el momento negaba.

Pero poco duró el interés de occidente por “uno de los grupos más mortíferos del planeta”, lamenta la fotógrafa, que entre la impotencia y la rabia considera increíble que “este tipo de conflictos puedan pasar de moda, conflictos que durante un tiempo están sobrecontados y que después nadie vuelve a hablar de ellos”. Fue este silencio informativo el que le llevó en 2015 a viajar a una zona en la que, como recuerda Prat, no había ningún organismo internacional y apenas había presencia de periodistas internacionales.

Recuperando el pulso

Dos niños juegan en el Malkoi Camp de Yola

En su primer contacto, la fotoperiodista pudo constatar la crisis humanitaria que generó este grupo terrorista, dejando multitud de “pueblos y ciudades fantasma” a su paso. Una situación que, en su segundo viaje al lugar, en este 2016, ha mejorado ligeramente y está permitiendo a muchas de estas poblaciones “recuperar el pulso”. “Boko Haram está mucho más arrinconado que hace un año, en el bosque Sambisa y algunos puntos junto a la frontera con Chad, y con mucha menos capacidad de actuación, aunque todavía siguen haciendo atentados”.

A pesar de esta aparente mejoría, Prat se muestra bastante pesimista sobre el futuro de la zona. “No soy demasiado optimista respecto a Boko Haram, porque las condiciones que han hecho que surja en el norte y que tenga adeptos, es el desigual reparto de riqueza en Nigeria y esto no está cambiando“. En este sentido, la fotoperiodista explica que, aunque el país es la primera potencia económica de África, existe una gigantesca brecha entre los estados petroleros del sur y la zona del norte, donde el grupo terrorista ha ganado muchos adeptos en su discurso contra las políticas del gobierno. “No estoy diciendo que Boko Haram tenga ningún interés en la sociedad ni población del norte, pero si que ha aprovechado el descontento de esa población frente a su gobierno”.

Compromiso por contar

El pastor Ahmadu y Ahaya en una iglesia destruida por Boko Haram

A la hora de elegir sus proyectos, esta fotógrafa freelance prefiere decantarse por “aquellas historias que están poco contadas“, aunque suponga una dificultad añadida para su trabajo. “En el momento en que decides contar este tipo de cosas, sabes a lo que te enfrentas. Cuando haces coberturas en zonas de conflicto o con violencia lo haces desde una postura de responsabilidad y compromiso por contar lo que estás viendo y denunciar lo que quieren denunciar”.

Para salvar las dificultades que supone el simple acceso a estas zonas, la fotoperiodista acostumbra a buscar ayuda entre los periodistas locales. De esta forma, como destaca Prat, puedes mejorar dos cuestiones básicas a la hora de trabajar en terreno, tener un mínimo de seguridad y poder llegar más profundamente a la información. “Minimizas muchos riesgos trabajando con gente local. Es la mejor manera, sobre todo porque a través de ellos tienes una visión mas precisa de lo que está sucediendo, no eres el extranjero que aterriza y cuenta sin saber en el fondo lo que pasa”.

Este mismo compromiso que le llevó a Nigeria, también le hizo visitar el Kurdistán turco, donde recabó las imágenes y la información con la que ha realizado el cortometraje documental ‘Tú siéntate’, su último trabajo que estrenó hace tan solo un mes en Zaragoza y que proyectará a lo largo de 2017. En él, la fotoperiodista muestra una realidad que está siendo totalmente silenciada por Turquía y que a penas aparece en los medios occidentales. “Ha sido muy difícil contar lo que está pasando en Kurdistán, cuando lo que estaba pasando es que Erdogán estaba bombardeando a la población civil en muchas ciudades y pueblos kurdos”.

Pequeños optimismos

Aunque no debe ser fácil mantenerlos vivos después de visitar tantas veces esos lugares donde lo humano es brutalidad y violencia, Judith Prat conserva todavía unos cuantos pequeños optimismo que le ayudan a digerir su trabajo. El primero, tan sencillo y descarnado como las aberraciones, es que incluso “en los peores momentos y en los peores lugares la gente sigue intentando sobrevivir, esa es una realidad que te encuentras en todos los conflictos”.

Más allá de este optimismo básico de la supervivencia, en cuanto a esa otra lucha por visibilizar aquí las atrocidades que suceden en nuestros tiempos, Prat contrapone el pesimismo sobre el funcionamiento y los intereses de los grandes medios, con la preocupación cada vez mayor de la ciudadanía por buscar información sobre las cuestiones que se quieren silenciar. “Estoy percibiendo que no es verdad que la sociedad no tenga interés por estas cuestiones, porque cada vez se nos reclama más para hacer charlas y exposiciones”.

Entre estos espacios, la fotoperiodista destaca la importancia de que existan colectivos como Alumbre “que promocionan la foto documental y están apoyando una labor importante para que estas historias que tanto nos esforzamos en documentar luego puedan salir a la luz”. Y después de matizar que aún queda un pequeño reducto mediático que se interesa por cuestiones, concluye diciendo que “soy muy optimista en este sentido, creo que la sociedad se está organizando para enterarse de lo que ocurre más allá de la prensa“.

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