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Por Ramón R.R.

El valor de la experiencia solo se aprecia cuando uno tiene un mínimo bagaje vital que le permite conocer la diferencia entre tenerla y no tenerla. No es lo mismo hablar de las cosas que vivir las cosas desde la palabra. Pero comprender esto es un proceso largo que implica, necesariamente, haber llegado al segundo término de la ecuación. Nuestro mundo occidental (tan adolescente en su afanes) tiende a obviar la necesidad de esta travesía siempre inacabada. Por eso resulta tan revelador escuchar la voz de las que han vivido para contarlo.

Este poso de experiencia resonaba en las palabras de Alicia Es Martínez Juan que, hace unos días, visitó Ciudad Real para participar como poeta invitada en la velada de diciembre de Slam Poetry. Después de la descarga en el escenario, ya concluido el evento, charlamos con esta poeta burgalesa para conocer un poco más sobre la amplia perspectiva que atesora respecto al hacer y al ser poético.

Hago la poesía con todo mi cuerpo, hago la poesía con mi vida, desde que me levanto hasta que me acuesto, incluso durmiendo, porque es mi forma de vivir y es mi forma de ver el mundo”. Con esta rotundidad expositiva explica Alicia su trabajo poético, remarcando que más allá del lado literario, comunicativo o artístico, “la poesía es mi forma de estar y de ser. No entiendo mi vida sin la poesía”.

Es mucho más importante mi creación como activista cultural que mi creación como poeta individual

Esta omnipresencia de lo poético ha marcado su trayectoria profesional que no se limita al ámbito de la escritura. Desde hace cinco años, Alicia dirige el festival de Poesía Voix Vives de Toledo, tarea en la que se vuelca con la misma constancia y entrega con la que trabaja los textos. “Para mí es mucho más importante mi creación como activista cultural que mi creación como poeta individual y escritora. Organizar el Festival Voix Vives es escribir mi mejor poemario todos los años”. Un lado de gestión que complementa también con la coordinación del Club de Poéticas de El Matadero y con el que busca “que la poesía baje a la calle y que la calle suba a la poesía”.

La poeta hace hincapié en la importancia de establecer esta bidireccionalidad para no perder de vista la exigencia que implica el trabajo poético. “El problema y la perversión de bajar la poesía a la calle es perder de vista el trabajo poético que hay detrás. El poeta tiene una responsabilidad y su responsabilidad es la palabra, la recuperación de la palabra para la gente y desde la gente“. Un peligro que se advierte con la proliferación de espacios, físicos y virtuales, donde la poesía tiene cada vez más presencia, en los que “corremos un riesgo asumible, que además es medido y que debemos correr, como es la bajada de calidad”.

Slam Poetry, peligros y bondades

Asumiendo los riesgos que entraña este boom poético, sobre todo entre la gente más joven, Alicia recuerda la importancia de espacios de encuentro y difusión como es Slam Poetry. No obstante, advierto sobre “el miedo que me da siempre del aplauso, de la competición –sana- pero competición a fin de cuentas, el miedo es que como son tan jóvenes y están todavía por moldear, se dejen llevar por los aplausos, por los me gustas en el Facebook, los seguidores del Twtiter, y los supuestos fans”.

Entre pizarras, halagos y demás adulaciones los poetas más jóvenes “están muy expuestos al público, cuando en realidad a estas alturas debería estar escribiendo para sí mismos y guardando lo escrito en cajones para después quemarlo”. Y no solo eso, porque como destaca la poeta burgalesa, “hay editoriales que están viendo que estos jóvenes tienen mucho éxito en Internet y venden muchos libros. Les pones unas braguitas monísimas en la portada y queda de puta el poemilla de mierda que ha hecho”. “Hay que tener mucho cuidado con eso y lo digo desde el cariño de estar trabajando con ellos”, advierte.

El mercado está dando palmaditas en la espalda a gente que todavía no lo está haciendo bien y que podrían llegar a ser grandes poetas si los dejaran evolucionar

Desde su experiencia con estos poetas más jóvenes, Alicia recomienda a los que se animan a compartir sus textos en los diversos espacios abiertos a ir más allá del aplauso fácil. “Tienes que partir de la humildad. No puedes pensar que eres el puto amo porque juntes palabras o porque imites a no sé quien. Tienes que leer muchísimo, tienes que romper mucho, tienes que olvidarte, ser capaz de ser crítico con tu obra y tienes que entender que cuando alguien en el público te ha puesto un 6 es porque no te ha puesto un 0, pero te hubiera querido poner 0″. Y pone especial acento en la necesidad de que piensen y sientan la poesía de una manera profunda. “Echo de menos la reflexión entre los poetas jóvenes. El mercado está tendiendo a dar palmaditas en la espalda a gente que todavía no lo está haciendo bien y que podrían llegar a ser grandes poetas si les dejaran evolucionar”.

No hemos inventado nada

Como materia de reflexión, esta polifacética creadora incide en la necesidad de comprender que las supuestas innovaciones que están aflorando en el campo poético, en realidad no lo son. “Nos creemos muchas veces que somos únicos y que nuestra época es diferente a las anteriores y no es cierto. En el Siglo de Oro, Lope, Quevedo, Góngora… hacían justas poéticas y hacían lo mismo que estamos haciendo nosotros en el Slam“. Estas justas poéticas del siglo XVII eran “espectáculos masivos” que conseguían abarrotar iglesias para escuchar los extensos poemas de los poemas de la época. Unas competiciones poéticas que tienen su origen más atrás en el tiempo, en las justas preislámicas que, como recuerda Alicia, congregaban a diferentes tribus árabes para defender en público las gestas y los valores de su pueblo.

La poesía es tabernaria o no es

“Esto no es nuevo, nos repetimos y nos repetimos. Poéticamente no estamos haciendo nada nuevo”, subraya, remarcando que si todos estos nuevos caminos se nos presentan como algo novedosos es porque “en Europa y sobre todo en España después de la dictadura, se ha reprimido a la poesía. Durante varias décadas se ha mantenido la poesía restringida a la academia, a las bibliotecas y los círculos literarios. Había dejado de salir a los bares, pero la poesía siempre ha sido de los bares, siempre ha sido de taberna. La poesía es tabernaria o no es.”

Tampoco el camino de la oralidad es una innovación. “La oralidad es innata a la poesía, la poesía solo es oral”, asegura Alicia. Para ella, lo que resulta menos natural es la transcripción de los poemas en el papel ya sea para llegar a más gente o con la intención de perpetuarse y transcender. “El libro es el producto menor de la poesía“, porque “la poesía es la magia de la palabra, en el sentido estricto de magia. Solo puede ser oral, solo puede ser voz”.

“El problema es que se había perdido y ahora se ha recuperado, se está volviendo a la oralildad. Se ha redescubierto y la verdad que cuando recitas, esta noche por ejemplo, y escuchas el silencio y sientes esa sacralidad, eso es lo que te lleva a sentir la magia y te das cuenta de que no solamente estás diciendo unas palabras con un significado y un sentido, estás diciendo palabras que llegan a las entrañas sin ningún tipo de tamiz intelectual, como la música“.

La fuerza del caracol

Este extenso e intenso camino poético, que le ha permitido cosechar reflexiones tan intensas como las expuestas hasta ahora, ha desembocado en una mirada que intenta volverse hacia dentro para asentar el yo la vía de acceso al nosotros. Este es el fundamento de su último poemario ‘En casa, caracol, tienes la tumba’, publicado con la editorial Gato Encerrado, un libro “de madurez” en el que Alicia se rebela contra su propio rechazo al ego y mira hacia dentro.

“Soy una auténtica enemiga del ego por el ego, cualquier poeta que se me presente y tenga demasiado ego -que suele ser lo habitual- directamente lo aparto de mi vida. Pero creo que el yo es necesario, el yo es nuestra puerta de entrada al nosotros y no puedes estar en un nosotros si no hay muchos yoes“, comenta Alicia, considerando que “este poemario es de introspección y de buscar ese lucha común que hay en cada uno de nosotros, de sociedad, de colectivo, sin miedo a caer en una visión del mundo demasiado individualista”.

El poeta, normalmente, busca la intimidad, la soledad, la introspección

En este viaje hacia dentro, la poeta encontró una “metáfora riquísima” en el caracol. “El caracol es la poesía, es el poeta, ese ser escurridizo y tímido que huye, porque el poeta normalmente busca la intimidad, la soledad, la introspección”, aunque a veces necesite romper su silencio y compartir los hallazgos. Pero la metáfora no se agota aquí, “por otro lado, el caracol es un símbolo de la vida, que se retroalimenta y lleva la casa a cuestas. Jamás la casa está en un sitio físico, sino que la llevas a cuestas. Allá donde vivas está tu casa”.

Una revolución de camino largo

“Como acción política, la poesía es verdaderamente revolucionaria”, asegura Alicia, que sin embargo considera que no resulta conveniente esperar que los resultados de esta revolución “que estamos haciendo” sean algo inmediato. “Esto es una educación del pueblo a largo plazo, no podemos esperar que los frutos salgan ahora. Igual que cuando hablamos de 15M, la revolución social, la toma de conciencia… esto es una cosa larga, muy larga, no podemos esperar cambiar el mundo que nos ha cambiado tanto, que nos ha jodido tanto, de la noche a la mañana. Porque nunca se ha hecho así, aunque haya puntos de inflexión en los digamos por aquí no paso, el cambio social es algo lento”.

A pesar de esta cautela, la poeta reconoce que “ya se empiezan a ver frutos” y explica, con orgullo de madre, como su hija de 15 años “es absolutamente revolucionaria en su planteamiento del mundo. Ni se planeta si es heterosexual u homosexual ya sabe que es bisexual, como todo el mundo; ni se plantea si es poeta o no es poeta, ve el mundo poéticamente, como todo el mundo. Porque es así como se tiene que ver. El ser humano es capaz de cambiar el mundo, porque lo ve poéticamente“.

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