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Por Ramón R.R.

Aunque dicen algunos cuánticos que en realidad nunca nos tocamos, el fisioterapeuta trabaja con sus manos sobre la carne rota. El tacto es algo esencial para estos profesionales sanitarios y parece por tanto una consecuencia lógica -incluso honesta- que un ‘fisioterapoeta’ prefiera servirse de la caricia y el puñetazo como forma de expresión verbal, en lugar de escribir versos etéreos y nebulosos.

Este es el caso de Esteve Bosch de Jaureguízar, un poeta de Palamós que visitó hace unos días Ciudad Real para participar como invitado en la velada de enero de Slam Poetry Ciudad Real. Bajo el brazo traía ‘El día que Jack Vegowski se decidió a mojar piruletas en orujo’, un libro en el que la poesía, de una carnalidad palpable tanto en lo íntimo como en lo social, comparte esa pretensión de sanar con el tacto que le acompaña desde hace décadas por clínicas y hospitales.

La conversación fue extensa, así que nos dio tiempo a abordar temas variopintos. Tratamos sobre el vínculo entre el hospital y la lírica, sobre la doble malta, sobre las luces y las sombras del boom poético y también hablamos de las pozas profundas donde habitan las gambas, de los poetas asesinados, de las armas que nunca mueren y del valor de los encuentros, entre otros etcéteras.

Con todo esto construimos una entrevista que arranca rememorando los primeros pasos de Esteve por el camino de la palabra. “Siempre me ha gustado mucho escribir, desde el colegio. Y aunque luego, profesionalmente, me dediqué a otra cosa, nunca dejé de escribir“. Su “otra cosa” era la fisioterapia, profesión que lleva ejerciendo desde hace 30 años en el Hospital de Bellvitge. Allí fue donde, por primera vez, el camino de sanitario y el literario se cruzaron para dar lugar a una publicación. Pero no poética, para eso habría que esperar hasta las piruletas y el orujo. Su primer libro, ‘La fuerza de un latido’, contaba la experiencia vivida por una de sus pacientes que fue la primera persona en nuestro país en recibir el trasplante de un corazón artificial interno. Sin quitarse la bata, su segunda incursión en el mundo editorial, ‘Hospitalia doble malta’, también abordaba el mundo de la salud, aunque desde la perspectiva de las emociones que viven sus profesionales.

Tras estos inicios prosaicos, Esteve comenzó a adentrarse en el universo poético, especialmente por el camino del slam poetry. Poco a poco, su estilo directo y punzante, le llevó a ganar varias  veladas, hasta plantarse en varias finales nacionales, llegando a quedar subcampeón en 2015. Sin embargo, aunque defiende la importancia de este tipo de espacios para el encuentro, no considera que el slam poetry sea un género a parte con características formales propias. “Nunca he intentado escribir específicamente para el slam”, destaca Esteve, señalando que “no se trata de una actuación o una farsa sino de un poema que he escrito y lo que intento hacer es traspasar el sentimiento que había en aquella letra, en aquel bolígrafo, en aquella tinta para transmitirlo en gestos, en una expresión o palabra hacia la gente que tengo delante, que en lugar de leer a la hoja, me lean a mí”.

“La pluralidad es riqueza”

El poeta catalán considera que el slam no debe encasillarse en una forma concreta de escribir, recitar e interpretar. “Abogo por la variedad en todo, porque la pluralidad es riqueza. Uno de los éxitos que creo que tiene el slam es que si son doce poetas los que salen, puede haber doce tipos totalmente distintos y si hay uno que no te gusta, sabes que a los tres minutos vas a dejar de verlo”.

Variedad, interacción con el público, cercanía, encuentro… “en general hay muchas más cosas positivas que negativas”. Pero también hay peligros, “el aplauso puede ser muy goloso y el triunfo, el éxito de escenario es muy goloso”. La vacuna que propone Esteve frente a estos riegos es una que vale para casi todo, la honestidad. “Estoy convencido de que de la poesía, del poema, puedes llegar al escenario si quieres. Pero desde el escenario conseguir llegar al poema, ya no. Tú puedes subirte un día al escenario por casualidad, haces un texto, y ¿repites el mismo? Yo esto no lo veo honesto y tengo miedo de los clones. El miedo es que la gente que empieza quiere ser como aquel, se mida como aquel y quiere hacer lo mismo que hace aquel. Normalmente pocas copias resultan mejor y entonces, es más patético, con todo el respeto, pero el riesgo es este”.

Para no sucumbir a estas tentaciones del éxito y la derrota, Esteve recuerda que nunca está de más recordar que esto de la poesía ni empieza ni acaba entre micrófonos abiertos y pizarras. “La poesía no se acaba en el slam, como no se acaba en las jam, como no se acaba en los recitales clásicos. Se trata de la opción que quiera hacer cada uno, si te quieres encasillar o no”.

Cosas del boom

En las últimas semanas ha habido mucho debate en las redes, sobre el lado oscuro del boom poético, especialmente en su lado editorial. Dejando de lado la cuestión de dónde termina la poesía y empieza el negocio, Esteve considera que “Aunque esté el lado oscuro de las editoriales, el boom es evidentemente bueno, como todo lo que sea hacer llegar la poesía a gente que quizás no le llegaba tanto, sobre todo a la juventud”.

Creo que es muy importante educar, hay que educar y aprovechar el boom. Toda la gente que ahora está con temas de amor y de pasión, pues esta pasión encaucémosla. Es lo que les digo a los pacientes cuando empiezan a caminar, yo prefiero a la gente que es lanzada, porque ya la frenaré. Prefiero esa rabia que yo le ayudaré a encauzarla hacia algo positivo, pero mejor que tenga esa energía a que esté aplatanado y sea conformista”.

Para él, todo este movimiento de personas y textos en torno a la poesía debe desembocar en un proceso de transformación social. “La poesía es un arma ante la que los gobiernos no tienen una contra arma. Los gobiernos temen más a un poeta o un literato, alguien de letras, que a un delincuente armado”. Es extensa la lista de poetas que acreditan esta realidad que, como señala Esteve, “lleva pasando desde los siglos de los siglos. Tenemos un arma y hemos de saber utilizarla. Ahora estamos en una época que hace falta más que nunca”.

En su caso, habiendo vivido “en la trinchera del hospital” los recortes decretados por los políticos de turno, ya sea en Moncloa o en Plaza Sant Jaume, la poesía reivindicativa acudió a su bolígrafo con naturalidad. “Con esto he sido muy radical, lo reconozco, no he tenido medias tintas porque he visto todo el daño que se ha hecho a los servicios públicos. Esto a mí me revolucionó mucho y pensé que era mi obligación, tengo un arma y la tengo que utilizar”.

Poesía como terapia

Una de las cosas en las que incidió varias veces Esteve, no solo a lo largo de la entrevista, sino también en la charla que dio en la Casa del Parque antes del slam, es en la importancia de que el poeta se pregunte “por qué escribes, para qué escribes y hacia qué. En mi caso, yo escribo porque lo necesito, es mi terapia”.

Desde este planteamiento, el principal premio que uno puede conseguir cuando uno se sienta a escribir es el poema, todo lo demás son regalos asociados a su creación. En concreto, cuando analiza todo lo que le ha aportado sus idas y venidas en torno a la poesía, Esteve subraya que “el lujo de todo esto es encontrarte a locos como tú, gente que se pueda identificar con lo que tú haces y tú con lo que hacen ellos, gente que nunca hubieras pensado conocer, sitios que visitas que nunca habías pensado visitar, afinidades que encuentras en estos sitios”.

Aunque se muestra partidario de que la poesía camine poco a poco hacia la profesionalización, en el sentido de que los poetas puedan comer de sus versos, confiesa que en su caso, se siente pagado con los encuentros y vivencias que ha podido vivir en sus peregrinar de escenario en escenario. “Todo esto me enriquece mucho, tengo la suerte de que la poesía me da esa gasolina para disfrutar, como no habría disfrutado una semana en el Caribe. Así voy aguantado la próxima semana y la otra, y la otra, hasta la siguiente gasolinera que encuentre en el camino”.

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