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Por Ramón R.R.

La fotografía es el intento imposible de detener la corriente del tiempo. Como si a través del diafragma agarrásemos un instante de quietud entre el constante fluir de imágenes en el que estamos inmersos. Esta capacidad del fotógrafo para llevar a cabo la extracción con precisión en lo técnico, relevancia en lo informativo y profundidad en lo emotivo, resulta más compleja todavía en situaciones en la que los sentidos están desbordados por la intensidad de las percepciones. Es más difícil detener el río en la turbulencia que en el remanso.

Toda una especialista en turbulencias es la fotógrafa valenciana Irene Bernad, que lleva 13 años trabajando en medio de un maremoto de luces y decibelios rockeros para atrapar instantes en los conciertos. El pasado fin de semana pudimos conocer su trabajo en la sede del Colectivo Alumbre, donde inauguró su exposición retrospectiva ‘Three songs, no flash’.

En la treintena de imágenes que componen la exposición se puede apreciar la enorme fuerza expresiva de sus fotografías, que ponen el foco en el alma y la atmósfera emotiva del concierto que en los pormenores perceptivos. Para ello se sirve del blanco y negro, una técnica que lleva practicando desde sus inicios y que considera esencial dentro de su concepto de la fotografía.

“Trabajo mucho en blanco y negro. Yo vengo del analógico, es como mi base, mi raíz en la fotografía. En los conciertos, con esa cantidad de luces que hay, con esos cambios tan repentinos y dinámicos, al hacerlo en blanco y negro eliminas cierta información y focalizas más en las emociones. Al eliminar el color focalizas más en sacar a la luz esa emoción y esa pasión de los músicos sobre el escenario”, comenta.

Su apuesta por retratar la emoción no se limita a la técnica fotográfica, Irene es partidaria de vivir lo más intensamente posible la música y el ambiente del concierto. “Yo me lo paso mejor cuando no hay foso, los fosos resultan un poco fríos porque hay esa distancia entre el músico y el público. Aunque tienen que existir, sobre todo si vas a festivales o conciertos grandes, mola más el roce con la gente, empaparse de eso, porque captas otro tipo de sensaciones y emociones sobre el escenario”.

Música y fotografía

Para potenciar esta unión de música y fotografía que habita en las imágenes de Irene Bernad, la inauguración también contó con un toque sonoro, a cargo de la banda ciudadrealeña ‘Mala Fortuna’, que amenizó la presentación interpretando varios temas. Este encuentro entre imagen y sonido que pudimos vivir en la exposición, también ha marcado la trayectoria personal y profesional de Irene Bernad, “tengo mucha suerte porque fusiono las dos pasiones que tengo en mi vida: la música y la fotografía”.

La fotógrafa valenciana reconoce que no es fácil vivir exclusivamente de la fotografía musical, porque “los medios, las revistas especializadas no tienen fotógrafos en plantilla y si los tienen son amateur”. Ella misma compagina sus trabajos de tema musical, la mayor parte de las veces contratada por las bandas o por las promotoras, con otros trabajos fotográficos “la gente me contrata porque sabe el tipo de fotografías que hago. Da igual que sea para conciertos o para bodas”.

Aunque no pueda hacerlo de forma exclusiva, Irene se siente “en una nube” cuando analiza cómo ha evolucionado su trayectoria profesional desde que fotografío a Concha Buika en 2004. “He pasado de ser espectadora de estos mismos conciertos a que los propios grupos me llamen, incluso algunos son amigos míos. Eso te llena mogollón”.

Ya lleva varias exposiciones a sus espaldas, pero la fotógrafa valenciana confiesa sentirse “muy orgullosa” de que Alumbre haya contado con ella para exponer ‘Three songs, no flash’. “Creo que necesitamos en toda España más sitios así”, señala Irene, remarcando que entre tanta “cultura visual, quizás demasiada, estamos sobreexcitados visualmente, sobre todo con Internet y hacen falta sitios como Alumbre que enseñen, que promuevan, que te hagan amar esta profesión que es tan bonita”.

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