Iñaki C. Nazabal: “El slam va a ser el rock and roll de la poesía”

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Antes de que comiencen las palabras, mirando con atención el rostro de Iñaki C. Nazabal se puede desentrañar la esencia de su poesía. Allí se mezclan una mirada profunda, ahondada con cicatrices, y la sonrisa dulce del niño que juega. Sencillo, sin aditivos ni maquillajes, sus arrugas hablan de senderos y espinas, mientras que en su frente, extensa y despoblada, resuenan los ecos plácidos de un buda.

Aprovechando su visita a Ciudad Real, para participar como invitado en la velada de marzo de Slam Poetry, pudimos charlar en profundidad con este poeta vasco que, cuando se pone frente al micrófono, genera atmósferas de conmoción poética a base de palabras sencillas, imágenes rotundas, una voz curtida y un silencio palpitante.

Aunque su conexión con la poesía le ha acompañado desde niño y ya había publicado dos libros antes de subir al escenario (El Alumno, en 2011 y Primitiva, en 2013), Iñaki confiesa que su contacto con el universo slam, cuando llegó Barcelona (donde reside actualmente) supuso un cambio profundo de su relación con la poesía. “Cuando descubrí de verdad el slam fue en Hospi que es más pequeño que el de Barcelona, y ahí sí sentí esa energía, tú envías una cosita chiquitina y te devuelve como una montaña. Descubrí lo que quería hacer toda mi puta vida. Toda mi vida escribiendo poesía, de cantante de rock y esas cosas, y en realidad lo que buscaba era eso, una cosa tan cruda como recitar mis poemas”.

El descubrimiento de este tipo de espacios y sobre todo su iniciación en el mundo del recitado, le llevó a adquirir una nueva dimensión en su relación con la poesía. “Me ha servido para creer en mi poesía, porque yo escribiendo llevaba mucho tiempo pero hasta entonces no lo compartía. Publicar no deja de ser un acto cobarde, ahí lo dejas y ya lo cogerán, en cambio aquí tienes que defenderlo tú y hay que tener una confianza y fe en lo que estás haciendo, que yo antes no tenía”.

Además, como subraya Iñaki, su entrada en el Poetry Slam también le sirvió para entrar en contacto con poetas como Dante, Jaume, Tomeu, Danilo, Cisco o Salva que han enriquecido su vida y su poesía. “Son artistas a los que admiras y que acaban siendo tus amigos. Como dice Jaume somos privilegiados porque vivimos rodeados de gente a la que admiramos“.

Este encuentro con la oralidad que le ofreció el slam supuso un añadido pero no un cambio absoluto en el camino poético de Iñaki que, además de participar y ganar varios slams (este año será el representante en la final nacional por Santa Coloma), publicó en 2016 su tercer poemario, Trilogía del silencio. En este sentido, el poeta vasco ve una diferencia clara entre poemas y textos del slam, “hay poemas que están hechos directamente para ser recitados. Cuando saqué el último libro ya tenía algunos números slam y ha habido algunos que no los he metido, porque me parece que en el papel no se soportan. Son textos para hacer en el escenario, con toda esa energía, están hechos para eso, para ser orales, luego lo leo en papel y me parece una mierda“.

El Rock and Roll de la poesía

Más allá de las aportaciones personales, hablando sobre el florecimiento del movimiento slam en el panorama poético nacional, Iñaki destaca, en primer lugar la apertura y acogimiento que generan este tipo de espacios, “los recitales tradicionales son como muy cerrados y no hay esa apertura de unos con otros, casi hay mas codazos que palmados en el hombro”. Pero, especialmente, remarca la capacidad que ha tenido el slam para atraer a un público joven y propiciar que estos comiencen a interesarse por la poesía. “Suelo decir que yo, al flamenco, llegué por Triana. Creo que el slam va a acabar haciendo esa labor, va a ser el rock and roll de la poesía”.

“Yo lo que quiero es que la gente ame la poesía y tiene que empezar cuanto antes”, explica el poeta vasco, subrayando que alicientes como la variedad, la brevedad e incluso la competición hacen que los más jóvenes encuentren atractivo el formato. “La tontería de la competición parece que no pero atrae a publico, pues vamos a dárselo, mientras a nosotros no se nos vaya la pinza (que hay a quien se le va) con lo de la competición y soy el campeón, mientras seamos conscientes de que las pizarras son solo un formato de espectáculo para atraer publico, chapó”.

Iñaki no niega que, por su propia naturaleza, la apertura del slam conlleva en ocasiones un pérdida de calidad en lo poético. “Claro que tiene sombras, hay cosas que ves en el escenario que dices esto no es poesía, ni teatro, ni es na… esto es una porquería y la gente les puntúa alto porque meten mucho ruido, y dicen tacos y porque insultan a Rajoy, que se ve que eso vende mucho”. Pero siguiendo con su símil rockero, igual que existieron grupos como Los Ramones, “que no tenían ni puta idea de tocar y vendieron millones de discos (y a mí me encantan)”, también en el slam hay “mucho chaval que no ha leído un poema en su vida y se pierde con las lentejuelas y el glamour. Y como ha pasado siempre con el rock and roll, se apuntan al slam para follar. Pero igual esos mismos, con el tiempo, acaban siendo poetas de verdad”.

¿Cambiar el mundo?

“No, lo de construir un mundo más humano lo tengo superado. Esto es lo que hay, como mucho podemos cambiar a uno o dos que tengamos cerca. Mira la historia y poetas ha habido durante toda la humanidad. Somos así. Nos cargamos al hijo de dios, el símbolo de la civilización occidental es el hijo de dios sacrificado en una cruz, más claro de lo que somos (risas). Somos eso, somos humanos y tenemos esa parte bestia y asesina”. Con esta rotundidad contesta Iñaki cuando le preguntamos por la capacidad de transformación social que tiene la poesía.

Sin embargo, matiza, “no creo que se pueda cambiar el mundo, lo que podemos es cambiar la vida de un chaval de 16 años, de un amigo, de la gente que viene de publico y yo he visto que ha habido gente que ha cambiado su forma de vivir después de escuchar un poema. He visto que la poesía puede hacer eso, pero lo hace en una persona”. Ya concluida nuestra charla, incide con los matices, “me vino a la cabeza algo que alguien me dijo una vez: puede que no cambiemos el mundo, pero seguro que estamos evitando que vaya aún peor”.

Iñaki ha vivido en su propia historia personal esta capacidad de transformación que tiene la poesía. Una acción que intenta transmitir en sus poemas, “siento que puedo hacer bien en la vida de las personas con la poesía, es como si de repente cobrara sentido mi vida”. Porque antes de dar el salto mortal y decidirse a “malvivir” de la poesía, el poeta vasco había compatibilizado su actividad poética con todo tipo de trabajos. “En su día manejaba mucho dinero, tenía una empresa de transportes, pero me levantaba amargado por las mañanas y me costaba dormir… Yo vivo mucho mejor ahora, aunque viva en un cuchitril”.

Su proceso personal ha ido desembocado en una dedicación completa a la poesía, aunque para ello haya tenido que aprender a renunciar a cosas materiales y parafernalias sociales “y luego te das cuenta de que en realidad no tenían ninguna importancia. La mitad de esas cosas a las que has renunciado y algunas te ha costado mucho renunciar, no tienen importancia. Lo principal en la vida es levantarte por la mañana contento, sabiendo que te queda un día por delante y que va a ser chulo”.

Está de puta madre salir a la calle con un Mercedes y follártelas a todas, pero al final lo que cuenta es tener una churri que te quiera aunque vayáis en bicicleta. Al que no lo ha visto tú se lo cuentas y dice va, este es un chalao, un poeta… en el fondo no se lo cree. Pero una vez que lo has vistom no hay quien te convenza de lo contrario. ¿Sacrificos? yo no los veo tanto, lo que veo es que todo el mundo me quiere y me ofrecen unas oportunidades que ni se me habrían ocurrido que iban a llegar, solo por comportarme como siento que me tengo que comportar, sin dobleces”, concluye.

Para poder mantener viva su apuesta por la poesía, Iñaki tiene en la actualidad varios proyectos abiertos con los que sostiene lírica y gastos. El último en el que se ha embarcado es Staff, un espectáculo poético con su compañera vital, Petra. Además también participa en La vida puede ser la hostia todo el tiempo, un espectáculo en el que se mezcla poesía y música, como también lo hace en el proyecto que tiene junto al cantautor catalán Ian Sala. Una actividad poética que complementa con talleres de poesía, tanto en centros educativos, como en su propia casa, donde imparte actualmente un taller sobre poesía como herramienta para el autoconocimiento.

 

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