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‘Respira Festival’. Con este ilustrativo lema, el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro celebra, del 6 al 30 de julio, su 40 edición. Cuatro décadas de teatro que han convertido a la localidad manchega en un referente nacional de la actividad escénica y que han vinculado el nombre de Almagro al teatro clásico. Un vínculo que fue reconocido ayer por la Sociedad General de Autores con el Premio Max a la Contribución a las Artes Escénicas.

Después de unos años difíciles, en los que la situación económica (interna y externa) hizo que los recortes encendieran todas las alarmas, el festival ha dejado atrás el lastre de la deuda que le ha acompañado en los últimos años y prepara una nueva edición en la que se mira con nostalgia al pasado y con esperanza al futuro.

Al frente de estos complicados años de gestión ha estado Natalia Menéndez, la actriz y dramaturga que cumple en 2017 su octavo año como directora del evento. Con ella hemos hablado sobre las novedades de la 40 edición y sobre la trayectoria del festival en los últimos años.

Una de las tónicas principales de la programación de este año será la mirada retrospectiva a vivencia acumulada en las cuatro décadas de festival. Por un lado se expondrá el punto de vista del espectador, con una exposición fotográfica donde la experiencia del público será la protagonista. “Conozco personas que llevan más de 20 años viniendo a Almagro a disfrutar del teatro y la gente de Almagro que se ha criado con el festival y me apetecía mucho ver el recorrido desde el punto de vista del espectador”, señala Natalia.

Foto: Festival de Almagro

Siguiendo esta senda de dar voz a la intrahistoria del festival, una de las novedades de esta edición serán los Vermús teatrales, los domingos por la mañana en el claustro del Museo del Teatro, donde “se contarán anécdotas que han pasado en el festival, más bien divertidas o curiosas”. Se trata de encuentros breves, dirigidos por la dramaturga María Elena Sánchez, en los que el público podrá disfrutar de un vermú, mientras escucha las vivencias del festival de un creador, un periodista, un técnico y un vecino de Almagro. “La memoria suele embellecer las cosas, hacia un punto más alegre”, asegura la directora, destacando que la idea de este evento es “que la gente esté a gusto, porque recordar no es siempre ponerse elegante, serios y dignos”.

En un ámbito más enfocado a la gestión, también se presentará un libro, tanto físico como on line, en el que se recoge la historia del Festival de Almagro, “porque creo que se habla muy poco y es importante ver cómo marca las diferencias, dónde puso cada uno el acento o qué pasaba en cada momento respecto a la política, porque pasaban cosas alrededor que marcaban”.

Además, en el ámbito de la programación, habrá dos espectáculos que ya pasaron por los escenarios del festival, durante los años de dirección de Natalia, y que volverán a representarse. ‘El lindo Don Diego’, “porque me parece que la gente se lo pasó genial y porque me parece importante que Moreto y Morboria estén porque se han dejado los cuernos trabajando por el teatro clásico”. Y El ‘Macbeth’ de los portugueses Chapito, “porque me encanta su proyecto teatral y porque me morí de la risa”. “No son los mejores, pero es un guiño con respecto al pasado que quería tener”, señala.

Respirar a pleno pulmón

Foto: Guillermo Casas

Cuando le preguntamos por el lema de esta 40 edición, Natalia Menéndez asegura que el guiño a la situación económica fue algo inconsciente “me di cuenta más tarde”, aunque subraya que la amortización de la deuda ha sido un proceso complicado pero necesario para la viabilidad del evento. “Tenemos la sensación de que podemos respirar, este año a pleno pulmón”, comenta la directora y añade, “el patio está limpio, está resulto, y el festival tiene más solidez que nunca. Aunque dentro del mundo de la cultura, imagino que en cualquier rama, todo está en peligro”.

En este sentido, recuerda que el proceso para liberar el festival de las cargas económicas que arrastraba ha sido un trabajo conjunto. “Hemos estado apretando los dientes para seguir adelante. Sin personas como gerencia, los directores adjuntos y todo el equipo del festival, no habríamos podido hacerlo. Y también ha sido necesaria la voluntad política para crear la fundación y resolver la deuda. Ahora está la satisfacción de respirar”, concluye.

Natalia resalta “la alegría” que le produce haber contribuido a sanear el festival y haber hecho un “una labor con toda la seriedad, con todo el rigor, también con mucho dolor en determinados momentos y con todo el compromiso con el que acepté el cargo, rodeada de un equipo que ha estado ahí y que nos hemos dejado la piel”. No obstante, advierte sobre el peligro de que las instituciones no refuercen su apuesta por el festival. “Es la pescadilla que se muerde la cola, porque damos argumentos para que digan, si se puede hacer así no hace falta dar más. No, el festival hay que alimentarlo, porque el festival es hoy y no ayer, no se pueden mantener los precios, ni las ayudas siempre igual”.

Ocho años en la dirección del festival

Foto: Guillermo Casas

Desde un punto de vista más personal, cuando analiza la experiencia vivida en este ámbito de la gestión cultural, Natalia el primer pensamiento que le viene a la cabeza es: “Por un lado, digo hay madre mía, cuando acepté qué inconsciente era… No tenía ni idea del berenjenal en el que me iba a meter“. Pero, en seguida matiza, “por otro lado, me produce mucha ternura pensar el trabajo tan grande que hemos realizado”.

Continuando con el balance personal de su labor al frente del Festival, Natalia reconoce que “he aprendido mucho. He perdido ingenuidad por el camino, a veces tranquilidad, a veces el sueño y a veces he tenido muchos disgustos. Pero he ganado más, mucho más, he crecido como persona, porque he tenido que enfrentarme a situaciones inverosímiles, que no imaginaba. Ahí ves tu capacidad de poder salir adelante, de poder mejorar el paso”.

La directora del festival recuerda que también cuando uno tiene que gestionar un evento cultural de estas dimensiones necesita de una importante dosis de “creatividad” y asegura que, “en esa balanza entre aprendizaje y desgaste, porque el desgaste también es evidente, siento que he aprendido más de lo que me he desgastado“.

Foto: Guillermo Casas

Con esta experiencia, Natalia, que también ha tenido una extensa trayectoria profesional en el mundo escénico, como actriz y directora, subraya el valor que tiene para los creadores la toma de conciencia sobre ese otro lado de la gestión cultural que determina, de una forma u otra, su trabajo. “Creo que estaría muy bien que las personas que nos dedicamos a esto del teatro, de la cultura, de la imaginación, la creatividad y los sueños, pasáramos un poco por aquí, porque seríamos más conscientes, no para acotar nuestras alas, sino al revés. Por eso admiro tanto a Cervantes, porque es un alguien que tenía muy claro quién gobernaba y con quiénes estaba trabajando, y eso no le quitaba vuelo, sino que le daba el margen de maniobra para poder volar”.

Puntos fuertes de la programación

Sobre la oferta teatral de esta 40 edición, Natalia destaca la variedad de la programación “en la que miramos a distintos públicos y hay obras para todos los gustos“. Un espectro formal que va desde “‘Calderona Remix’, una comedia musical a base de hip-hop en el Corral, hasta algo más clásico como puede ser ‘El viaje del Quijote’ dirigido por Vasco”.

Otro de los puntos fuertes para la directora es la presencia internacional que llega con “apuestas serias y contundentes”. Natalia subraya entre ella el ‘Julio César’ de la compañía rumana Teatro del Cluj, “un teatro que lleva dos siglos, muy desconocido en España, pero su director es muy valorado internacionalmente”. Otra de las apuestas es la visita de los alemanes de Teatro de Weimar que llegan a Almagro con una “impresionante” versión de ‘Sueño de una noche de verano’ de Shakespeare. Otra de las apuestas internacionales es el regreso de Los colochos, compañía mexicana que se impuso hace unos años en el Almagro OFF y que presentan este año una revisión de ‘Romeo y Julieta’ en el contexto de los pueblos indígenas, una coproducción del propio festival que “va a ser antológica”. Por último, en el ámbito internacional, Natalia subraya la visita de un país que no había estado presente en el festival, Israel. Desde allí llega ‘Los enredos de Scapin’, una comedia de Moliere poco representada “con la que el público se va a partir de risa”.

En cuanto a las compañías nacionales, la directora considera que son muchos los nombres y propuestas que se pueden destacar en esta 40 edición, como ‘Eco y Narciso’, un texto desconocido de Calderón “de una belleza impresionante” o ‘Sueño’, protagonizado por Juan Echanove, cuyo ensayo dejo “sin palabras” a la directora. En este 40 aniversario, la Compañía Nacional recupera la tradición, perdida en las últimas ediciones, de estrenar en Almagro su nuevo montaje, ‘La dama duende’ de Calderón. También en su espacio habitual, el Hospital de San Juan, la CNTC completará su presencia en Almagro con ‘El perro del Hortelano’, dirigido por Helena Pimenta.

Barroco Infantil y Almagro OFF

Dos de las principales apuestas de Natalia en sus años de directora han sido los certámenes de Barroco Infantil y Almagro OFF. “Esos dos certámenes me dan una alegría enorme, han sido apuestas contundentes y que han funcionado“, señala la directora, haciendo hincapié en que tanto el público familiar como el público más joven necesitaban tener un peso específico en la programación.

“La historia es acercar los clásicos, no que el publico tenga que hacer un triple mortal para llegar a ellos. Si les ofrecemos a personas tan libres como Quevedo, Cervantes, Lope, Calderón, Shakespeare o Moliere, si se los ofrecemos cerquita, van a seguir con ellos y a lo mejor no inmediatamente, no se trata de obtener resultados rápido, pero seguirán profundizando”.

Natalia, que destaca la calidad de las propuestas que se representarán este año en ambos festivales, considera que la apuesta por el Barroco Infantil y el OFF ya comienza a dar frutos. En primer lugar, en la formación de jóvenes creadores de cara a abordar las producciones (un trabajo que continúa a lo largo del año con el programa Ensayando un clásico). Pero sobre todo, en la presencia de un público cada vez más heterogéneo en los espectáculos del festival. “No solo lo creo, sino que lo he constatado. Se aprecia en las salas, puedes ver el cambio de gente, ves como hay otras edades y vienen grupos de gente que no sospechaban que se iban a ver reflejados en los clásicos porque no los conocían”.

Antes de despedirnos, Natalia nos recuerda que, a pesar de haber amortizado la deuda, “hasta que no superemos esa taquilla que necesitamos hacer para poder pagar la edición, no respiraré del todo”. Y concluye la entrevista animando a todos los aficionados al teatro y a todavía no saben que lo son, a que se acerquen a Almagro el próximo mes de julio y “que lo pasemos todos genial y que cada uno viva esta 40 edición como quiera“.

 

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