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Foto: Esther Kiras

No sé cómo se escribe esta crónica. Tengo un miedo tremendo de no encontrar las palabras, porque cuando uno se queda sin palabras, poco se puede decir. Pero hay que esforzarse en decir. El mundo y nuestras ciudades necesitan que digamos, que construyamos la acción desde el decir sincero, desde el escuchar acogedor. Tenemos una necesidad apremiante de rescatar la palabra de ese fango de egos, murallas y sinsentidos donde la hemos sepultado. Tenemos la necesidad de utilizar la palabra para comunicarnos de verdad, especialmente nosotras, las que ejercemos en los medios de cuenta cuentos oficiales, narrando con un mejunje verbal prefabricado y aparentemente objetivo, lo que nuestros proveedores de realidades quieren os contemos.  Hoy no estoy dispuesto a ceñirme la emoción con estilos cuadriculados, escribo esto henchido de subjetividades.

Rafa Psico Mc (foto: Esther Kiras)

Más de mil personas se han parado a escuchar poesía, este fin de semana, en Ciudad Real. La VII Final Nacional de Poetry Slam ha conseguido que cientos escucharan lo que decían las decenas de personas que, entre participantes e integrantes de colectivos, han subido a los diferentes escenarios abiertos por toda la ciudad. Han sido dos días frenéticos, con semifinales en el Antiguo Casino, jam en La Fábrica, actividades en los jardines del Prado y la gran final, en el paseo de la catedral.

Más allá del número (que tiene su relevancia en una ciudad de 74.000 habitantes) parece mucho más relevante el impacto positivo que esta sobredosis de palabra ha tenido en los asistentes. Las sensaciones son difíciles de cuantificar, pero cualquiera que anduviera con los ojos y los oídos abiertos puede atestiguar que tanto el viernes como el sábado se generó algo especial en el ambiente. Se fraguaron conexiones de esas que solo se consiguen donde media el arte y la palabra.

Foto: Esther Kiras

El gran éxito de esta Final Nacional, algo novedoso respecto a las anteriores, ha sido la implicación de colectivos sociales y asociaciones de la ciudad. Nunca es lo mismo hablar sobre ideas abstractas que escuchar a las personas que las encarnan. En este sentido, el evento fue un puente fascinante para que los colectivos pudieran encontrarse entre ellos y con la ciudadanía. Tanto el viernes como el sábado, integrantes del entramado social de la ciudad tomaron el micrófono para compartir sus ideas y sus luchas, a través de textos y actuaciones preparados previamente con miembros de Slam Poetry Ciudad Real.

José Flores (foto: Esther Kiras)

Respecto a los participantes, lo que pudimos escuchar deja claro que hay mucho talento anidando en el universo slam. Después de las semifinales del viernes, donde quedaron por el camino slamers de mucha calidad, las 9 finalistas (Mississipi, Xisco Ródenas, Cristina Indira, Jacaranda Disidente, Carles Sanchis, Margalida Followthelida, Rafa Psico Mc, José Flores y Laura Sam) dieron muestras de la amplia gama cromática que existe a la hora de emocionar con las palabras. Lo que más le gustó al público fue el estilo enérgico del jienense José Flores, que consiguió la puntuación máxima con un texto que desgarraba las fosas comunes del franquismo. Junto a él, la mallorquina Margalida Followthelida, disputó la ronda final después de haber puesto los pelos de punta al respetable con la visión social de sus entrañas femeninas familiares. Pero en otras manos, esas pizarras, podrían haber hecho ganadora a cualquiera de ellas. La competición, en esto de la poesía, tiene más de gancho que mazo.

Foto: Esther Kiras

Otro de los retos que se planteó la organización fue sacar la poesía a la calle. Más asequible y duradero parecía la propuesta de dejar grabado en los bancos del prado fragmentos de los textos elaborados por los colectivos implicados. Pero que los slamers recitaran en los jardines del Prado, con el mercadillo medieval al lado, en plena ola de calor y expuestos al bullicio de los viandantes tenía un punto temerario. El resultado fue espectacular. Cientos de personas compartieron emociones y silencios, incluso después de un par de horas sentados en las sillas de plástico. También el viernes, en el entorno más propicio -aunque no menos caluroso- del Antiguo Casino, se compartió silencio y se podía ver la emoción en las caras de la gente que llenó el salón de actos en las dos semifinales.

Laura Sam, Jacaranda Disidente, Xisco Ródenas y Margalida Followthelida (foto: Esther Kiras)

Como persona y como CRisol, siento un enorme orgullo de haber formado parte de todo esto. Han sido muchos los que se han implicado para que hayamos vivido un fin de semana memorable en Ciudad Real. Empezando por la gente de la organización de Slam Poetry Ciudad Real, que ha hecho un trabajo impresionante para que todo encajara con más imaginación que medios, pasando por las voluntarias, los integrantes de los colectivos, las participantes y los trabajadores municipales (es algo positivo para la ciudad que el Ayuntamiento también se haya sumado al proyecto y haya apoyado una propuesta cultural tan horizontal).

Laura Sam (foto: Esther Kiras)

Todo lo vivido este fin de semana en Ciudad Real ha abierto un proceso de reflexión tanto para los que han venido de fuera como para los que habitamos por estos lares. Me consta que en la asamblea de las ciudades slam, que se celebró el domingo por la mañana, se habló mucho y muy bien del concepto social que se ha introducido en la organización de las finales, como un camino en el que seguir profundizando. En cuanto a Ciudad Real, se ha propiciado un espacio de trabajo y encuentro tremendamente fértil que puede ayudar a fortalecer los lazos entre el tejido asociativo de la ciudad. Ver a gente tan distinta compartiendo texto y escenario es alentador y pone de manifiesto que hay mucha más vida en las entrañas de la ciudad de lo que la superficie aparenta.

Hay un eterno debate, que estos días pude revivir con algunos de los asistentes, sobre si lo que pasa en el escenario cuando el slamer actúa es poesía o no es poesía. Más allá de cuestiones formales y rigideces técnicas, más allá incluso de las palabras, si lo que ha sucedido estos días en Ciudad Real no es poesía, debería empezar a serlo.

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