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¿Cuántas cobardías se esconden detrás de un acto heroico? ¿Cuántas injusticias debe soportar el pueblo para romper su silencio cómplice y alzarse contra el tirano? Con estas preguntas resonando en la cabeza y la mirada de Jacinta clavada en el pecho, el público de la Antigua Universidad Renacentista despedía en pie, con una extensa ovación, a la particular adaptación de ‘Fuente Ovejuna’ que la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico presenta este año en el Festival de Almagro.

Particular porque, lejos de esa glorificación del pueblo que se rebela contra la injusticia, esta versión, dirigida por Javier Hernández-Simón, pone el foco en las vergüenzas de sus habitantes, en las miradas hacia otro lado mientras se producen las injusticias. En esta versión Mengo, el único que se atreve a plantar cara al comendador, muere. Y más que la satisfacción por el dolor resarcido de Laurencia, el final nos deja el sabor amargo de la labradora Jacinta, ultrajada y olvidada entre los vítores.

Más allá de esta magia de los clásicos, que permiten ver con ojos nuevos una obra tantas veces representada, la razón del entusiasmo con el público ha recibido la propuesta no se limita a la originalidad de este trasfondo. Desde el primer momento, en el que el toro aparece en medio de esa indiscreta plaza de toros donde se juega todo el montaje, la representación da muestras de una potente fuerza escénica que mantiene al espectador conectado en todo momento.

Con una escenografía tan sencilla y estática, el peso de esta vitalidad que desprende el montaje recae sobre el elenco de 23 actores, que hace un trabajo intenso y pasional. También la luz, juega un papel relevante en esta puesta en escena, dando cauce a los cambios narrativos en medio de un decorado fijo, cuyo único movimiento es la puerta de toriles por donde aparece y desparece el comendador, la bestia.

Otra de las virtudes de esta ‘Fuente Ovejuna’ es el ritmo con el que se desarrolla la obra. También en esto el trabajo coral de los intérpretes resulta determinante. A base de canciones, bailes, y un juego continuo de actuación fuera de plano, los actores convierten el montaje en una especie de coreografía donde siempre está pasando algo. El paso lento y flotante de los Reyes Católicos, que rodean continuamente la acción, supone un interesante contrapunto rítmico en el que se narra el trasfondo político que también incluye Lope en su texto.

Aunque resulta difícil resaltar a alguien en un trabajo tan coral y completo de interpretación, la fuerza con la que Paula Iwasaki da vida a Laurencia merece una mención especial, así como el tirano Fernán Gómez, interpretado sin piedad por Jacobo Dicenta, que consigue con su madurez incidir en la distancia que separa al comendador del pueblo.

Si ya habíamos tenido muestras en Almagro de que la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico es mucho más que una cantera de formación de actores, con esta ‘Fuente Ovejuna’ la generación de jóvenes intérpretes ha dejado claro que tienen capacidad y solidez de sobra para dar el salto a los grandes títulos del repertorio del Siglo Oro.

A pesar del calor, que siempre es un elemento en contra del pase de las 8 en la Antigua Universidad Renacentista, ‘Fuente Ovejuna’ consiguió que el público viviera esta relectura de la obra de Lope como una intensa ráfaga de aire fresco. Y al salir, con el regusto que deja el teatro cuando consigue su objetivo, nos dejó con un torbellino de preguntas por mascullar.