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Hay conciertos en que importa más el música que la música y el de Amatria de en la sala Zahrora Magéstic es uno de ellos. En primer lugar fue así porque jugaba en casa. “Soy culipardo”, dijo el músico, entre recuerdos a que muchos de los temas hablan de su viaje a Madrid. La segunda razón es por las caras conocidas, por los guiños de Joni Antequera a parte de los espectadores, a los que reconocía, o porque su madre, protagonista en uno de los singles de ‘Algarabia’ era obligado que compartiera escenario con él. Ambos aspectos conforman un concierto especial en el que el músico repasó buena parte de su carrera, con algo de “nervios” como dijo él mismo y con muchas ganas entre el público de pasarlo bien.

Con ‘Discordia’ comenzó la actuación de Amatria, que se dispuso en la misma combinación que en anteriores discos, con la batería y el bajo a cada lado, mientras él estuvo acompañado de su caja de mezclas de la que parten los sonidos techno que abren y cierren el espectáculo y de su guitarra tradicional para poner ritmo a los temas.

La apertura tan festiva fue casi un espejismo, con un concierto en dos partes, en el que los temas más lentos se llevaron al principio con ‘Hay Miedo’ y ‘Lucha de Gigantes’ para después disfrutar del espectáculo. De ambos temas se pasó a ‘La Buhardilla’, esa historia del primer hogar de Amatria, como una muestra en que el ciudadrealeño iba a pasar por sus discos saltando, de uno a otro, solo con pequeños comentarios. ‘El Juego’, Siempre que quiera’ y ‘Además’ cerraron esta parte del concierto en la que cayeron buena parte de los temas del primer disco.

La continuación iba a venir marcada por ‘La Piedra’, ‘Un poco de fe’ y ‘Me Encaja’ ese tema en el que el Amatria más festivo explica el día en que todo “salió bien” e incluso su madre le pidió que bailara. La llegada del primer single encaminó el concierto hacia el final con un bis en el que ente ‘Animal’ y ‘El Golpe’ se calentó al público para con ‘Chinches’, el tema con el que se este ciudadrealeño se ha situado en el panorama nacional, llevarlo al éxtasis final en forma de ‘Atarax’, el medicamento que “acaba con Los Chinches”. Final de una hora y media de música en la que Joni Antequera regresó a su hogar.