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Creo que, en la mayoría de ocasiones, las historias tristes tienen un poder enorme para reconciliarnos con la vida. Quizás por algo tan fácil como que, llegados a un punto determinado, todos tenemos que enfrentarnos al dolor, ya sea propio o de alguien que nos sea muy cercano. Y la forma en que lo hagamos puede determinar que vivamos la vida felices o con amargura. Un jubilado británico recibe una mañana una carta que va a cambiar su vida. Una carta tradicional, de las de toda la vida, de esas que ya casi no existen. Una antigua compañera del trabajo le escribe brevemente para comunicarle que tiene un cáncer en fase terminal. Y Harold Fry, protagonista de esta historia, una de esas personas poco acostumbradas a tomar decisiones más contundentes que el sabor de la mermelada con la que desayunará ese día, sale de casa con una carta en la que responde a esa antigua amiga, ingresada en un hospital del norte de Inglaterra. Pero Harold Fry no echa esa carta al buzón, sino que empieza un viaje, un viaje físico, cruzando medio país, pero sobre todo un viaje interior. Caminando en soledad, sin ningún tipo de provisiones, Harold Fry empieza a repasar su vida en un intento por curar y sobrevivir a las heridas que los años le han causado.

Este es el argumento de ‘El insólito peregrinaje de Harold Fry’, uno de los libros que más me han gustado en los últimos meses. Su autora, Rachel Joyce, era desconocida en España, pero ha sido actriz de teatro en prestigiosas compañías como la Royal Shakespeare o la Cheek by Jowl. Es, además, guionista de la BBC, y aunque se trata de su primera novela, cuando uno se adentra en esta historia pronto descubre que Rachel Joyce es una mujer curtida en la escritura. El insólito peregrinaje de Harold Fry es una novela contada con una sencillez admirable, que sin embargo analiza con una precisión quirúrgica algunos de los grandes problemas de estos tiempos: la incomunicación, las dificultades de la vida en pareja, la culpa, los errores del pasado, la paternidad, el compañerismo, el hastío…No es, a pesar de todo, una novela triste, sino una obra profundamente humana que nos reconcilia con la vida. Harold Fry, que sale de casa y sin apenas pensarlo se enfrenta a cientos de kilómetros para visitar a una moribunda, ayuda involuntariamente a todo aquel con el que se cruza. Se convierte en un ejemplo de cómo en la vida hay que tomar decisiones, aunque estas caigan sobre nosotros como un jarro de agua fría. Es una historia delicada, emotiva, contada sin grandes pretensiones, y precisamente por eso es magnífica.

[quote style=»1″]Él habría sido el primero en reconocer que su plan tenía varios puntos débiles. No llevaba calzado adecuado, ni brújula, por no hablar de un mapa o una muda limpia. La parte más improvisada del viaje, sin embargo, era el viaje mismo. No había sabido que iba a emprenderlo hasta que ya estaba en marcha. En realidad, no era que su plan tuviera puntos débiles, es que no había plan.[/quote]

Mucha gente pensará que el argumento es poco creíble. Por desgracia, pienso que en más ocasiones de las debidas la vida es poco creíble. ¿Por qué un jubilado, pudiendo ir en coche o en tren a visitar a esa antigua amiga, elige recorrer a pie todos esos kilómetros? Esa pregunta se la hace todo el entorno del protagonista de la novela. Para encontrar las respuestas necesitarán caminar a su lado. Es un libro con el que muchos se identificarán. Harold Fry me parece un personaje inolvidable, lleno de una ternura contagiosa.   

Una obra que se lee con mucha facilidad y que sin embargo no se olvida.

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Título: El insólito peregrinaje de Harold Fry

Autor: Rachel Joyce

Traducción del inglés: Rita da Costa

Editorial: Salamandra

Número de páginas: 331

Precio: 17 euros

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