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Se nos fue el genio de la sonrisa entrañable, el creador de Macondo y de un universo personal que supo tocar todos los temas universales. Gabriel García Márquez, Gabo para los allegados, nos ha dejado huérfanos, salvo por su extenso legado, que comprende no solo ficción, sino una maravillosa obra periodística. Siempre es buen momento para recomendar sus libros, aunque parece algo absurdo recomendar las obras de un autor que ya en vida era considerado un clásico, un grande entre los grandes. Quizás por eso, a pesar de lo mucho que siempre lo he admirado, por aquí no he traído ninguna recomendación vinculada a él. Esta semana, sin embargo, no tengo ánimos para recomendar otra cosa que no sea algo que tenga que ver con su maravillosa pluma, con la musicalidad que desprendían sus textos. Leer a García Márquez es entrar en el universo personal del autor, poblado por una infancia con sus abuelos de la mano de sus narraciones orales, por la presencia de los muertos y de las supersticiones, y por el fuerte componente social, pero también es hacer un recorrido por la historia de América Latina, por su política, sus guerras y los problemas sociales que ha sufrido el continente. Su obra de cabecera, aunque él acabó un poco harto de ella, es ‘Cien años de soledad’, una novela total de la que solo diría: si no lo han leído, corran ya a por ella. Y después, seguro que quieren seguir adentrándose en las letras del escritor de Aracataca.

Pero como sus novelas son de sobra conocidas, he elegido ‘Vivir para contarla’, el que es el primer tomo de sus memorias, que arrancan con esta frase llena de sabiduría: “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Aunque no abarcan toda su vida, sí comprenden un periodo importantísimo, como es su infancia y su juventud, épocas en las que se forjó su pasión por la literatura y comenzó su exitosa carrera como periodista. De la infancia destaca el contacto con las historias orales, narradas por sus abuelos, grandes inspiradores de textos y que luego se pasearían, revestidos de ficción, por sus obras.

[quote style=”1″]Los niños teníamos entonces la ilusión de hacer pelotas con las nieves perpetuas y jugar a la guerra en las calles abrasantes. Pues el calor era tan inverosímil, sobre todo durante la siesta, que los adultos se quejaban de él como si fuera una sorpresa de cada día. Desde mi nacimiento oí repetir sin descanso que las vías del ferrocarril y los campamentos de la United Fruit Company fueron construidos de noche, porque de día era imposible agarrar las herramientas recalentadas al sol. La única manera de llegar a Aracataca desde Barranquilla era en una destartalada lancha de motor por un caño excavado a brazo de esclavo durante la Colonia, y luego a través de una vasta ciénaga de aguas turbias y desoladas, hasta la misteriosa población de Ciénaga (…)[/quote]

Los que ya estén familiarizados con el mundo de Gabo, descubrirán en estas páginas a las personas que inspiraron los personajes de ficción de sus obras: la historia de amor de sus progenitores, que inspiró ‘El amor en los tiempos del cólera’, los amigos en los que se apoyó y que fueron siempre un pilar indispensable en su vida, el encuentro con la que sería su mujer, Mercedes Barcha…Y, por supuesto, sus años como periodista y sus anécdotas de una vida que ya desde joven estaba destinada a la literatura. ‘Vivir para contarla’ es una oda al optimismo de alguien que no lo tuvo fácil en sus comienzos. Las dificultades económicas marcaron gran parte de la vida del Nobel colombiano, pero él supo hacerles frente con su fuerza y sus ganas de vivir. Creo que es una obra indispensable para todos los amantes de su literatura y para aquellos que quieran comenzar a adentrarse en ese vasto territorio narrativo.    

[quote style=”1″]En el hotel de lance donde viví casi un año, los propietarios terminaron por tratarme como a un miembro de la familia. Mi único patrimonio de entonces eran las sandalias históricas y dos mudas de ropa que lavaba en la ducha, y la carpeta de piel que me robé en el salón de té más respingado de Bogotá en los tumultos del 9 de abril. La llevaba conmigo a todas partes con los originales de lo que estuviera escribiendo, que era lo único que tenía para perder. No me habría arriesgado a dejarla ni bajo siete llaves en la caja blindada de un banco. La única persona a quien se la había confiado en mis primeras noches fue al sigiloso Lácides, el portero del hotel, que me la aceptó en garantía por el precio del cuarto. Les dio una pasada intensa a las tiras de papel escritas a máquina y enmarañadas de enmiendas, y la guardó en la gaveta del mostrador[/quote]

De su lectura, extraigo la importancia que la infancia tiene en la vida de todas las personas, especialmente para todos aquellos vinculados con la creación. La niñez de García Márquez fue, casi con total seguridad, el pilar sobre el que se erige su monumental edificio que hoy admiramos. Las tradiciones nativas, el peso de lo oral, el apego por todo aquello que tenga carácter local y otros elementos que encontramos en toda su obra parten de esa infancia. Un buen libro para llorar a Gabo, ahora que se nos ha ido.

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Título: Vivir para contarla

Género: Memorias

Autor: Gabriel García Márquez

Editorial: Mondadori

Nº Páginas: 592

Precio: 23,50 (edición tapa dura)

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