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por Gerardo Lagüens

El espacio Miguel Narros acogió la obra del dramaturgo francés Molière, que la compañía trajo al Festival hace poco más de dos décadas. Vuelve, eso sí, con un elenco prácticamente renovado, en el que sólo repiten Fernando Aguado y la directora y actriz Eva Aguado, que además está detrás de la adaptación. El resultado es una espectáculo muy plástico y lleno de ritmo, en el que la farsa de Molière encuentra la forma que necesita para recobrar vida, y hacer gracia de nuevo.

El argumento de esta comedia-ballet, encargada por el mismísimo Luis XIV, es tan propio de su época como de plena actualidad. Un burgués enriquecido, obsesionado con emparentar con la nobleza, trata por todos los medios de ser aceptado. Como no tiene sangre noble, ni cultura, ni modales, tratará de acomodarse en su dinero a una sociedad elitista que, en realidad, se burla de él. Todo servido para un juego de apariencias que permite toda clase de equívocos y chistes.

Pese a lo actual del texto, ya que vivimos en un mundo donde los nuevos ricos compran estatus con Mercedes y trajes caros, la obra no tendría sentido alguno con un tratamiento más solemne o realista. La farsa requiere un trabajo formal muy específico, deformando a los personajes hasta el punto en que parecen dibujos animados (Aguado me comentó que su personaje es como Pierre Nodoyuna, el malévolo y torpe conductor de ‘Los autos locos’). El teatro de Molière está muy influido por la diáspora de actores italianos, y la expansión de la Commedia dell’Arte, y el trabajo de Morboria, sin utilizarlas, es fiel a la corporalidad del teatro de máscaras italiano.

La comedia ballet, muy al gusto francés de la época, pretendía ser un arte total que incluyera a música, danza y pintura. En ‘El Burgués Gentilhombre’ la composición musical, por ejemplo, está a cargo de Jean Baptiste Lully, el genio del barroco francés. Morboria presenta un excelente trabajo coreográfico y musical para actualizar un género que, a día de hoy, parece narrativamente muy poco eficiente.

Quizás el único pero a tan sólido trabajo sea el exceso de guiños contemporáneos y un ligero abuso de la ruptura de la cuarta pared. Aunque, a la vista de los resultados y las carcajadas en platea, dio buen resultado. Excelente revisión del género, el montaje de Morboria resistió el paso del tiempo, y ayudó a hacerlo a un tal Molière.

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